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La banca reduce beneficios por primera vez desde 1993

La morosidad registró en enero el segundo mayor crecimiento de la historia

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Las entidades financieras españolas vivieron en 2008 su ejercicio más difícil desde la crisis de principios de los noventa. Sus beneficios cayeron un 26,6%, hasta 18.429 millones de euros, castigados especialmente por las elevadas provisiones que tuvieron que dotar para hacer frente a la morosidad presente y futura. Los bancos soportaron mejor el tirón, con un descenso de las ganancias del 14,8%, mientras que las cajas registraron una caída del 41,5%. Pese a estas bajadas, el sector financiero español todavía consiguió salvar el primer gran año de la crisis con una buena evolución del negocio, pues su margen de explotación, el que refleja el resultado bancario, fue prácticamente igual al de 2007.

En 2009, las cosas se presentan todavía peores porque el crédito, su principal vía de negocio, ya ha comenzado a descender y la morosidad cada vez sube con más fuerza. En el primer mes del ejercicio, el saldo vivo de crédito disminuyó en 6.427 millones (un 0,34%), aunque en tasa interanual todavía aumenta un 5,43%. No obstante, lo que más daño puede hacer a la solvencia y al futuro de las entidades es el aumento de los impagados. En enero, crecieron en 8.920 millones de euros, la segunda mayor subida de la historia, y se situaron en 72.048 millones. Ese incremento elevó la tasa de morosidad al 3,87%, una cifra que casi cuadruplica la de un año antes y que no se había visto desde abril de 1997. En este aspecto del negocio también han tenido peor evolución las cajas que los bancos. La tasa de morosidad de aquellas asciende ya al 4,5%, mientras que la de los bancos se sitúa en el 3,2%.

Para hacer frente a esta situación, las entidades financieras acumulan unas provisiones de 45.540 millones, con las que podrían asumir un 65% de la morosidad si todos esos créditos resultaran finalmente impagados. Del total de la hucha, 25.000 millones son provisiones genéricas (las que el Banco de España obliga a dotar en épocas buenas), que descendieron en 3.000 millones en 2008 y que a este ritmo durarán menos de dos años. Si llegan a agotarlas, bancos y cajas tendrán que financiar todas las nuevas provisiones con sus resultados, lo que castigaría su nivel de solvencia.