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Barreras de metal y hormigón encierran a los palestinos

Los cientos de controles israelíes sólo son permeables para los colonos

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Altavoz en mano, el diputado comunista de la Kneset Mohammad Barakeh insta a las 200 personas que han acudido a Bilin, en la Cisjordania ocupada, a marchar hacia la barrera que está a la salida del pueblo y que desde su construcción, hace cinco años, ha separado el pequeño núcleo urbano de gran parte de los campos que la comunidad ha cultivado durante siglos.

Los manifestantes son en su mayoría palestinos, pero también hay decenas de judíos que han llegado desde Tel Aviv y un grupo de activistas internacionales. Se ponen en marcha y pronto se escuchan los primeros disparos de los soldados. Lanzan canastas de gases lacrimógenos. Algunos activistas, con los ojos irritados, empiezan a llorar y se retiran, pero la mayoría sigue adelante.

Las escaramuzas duran una hora. Al final, los soldados multiplican los disparos y los manifestantes vuelven a Bilin a pie. La marcha ha terminado. Hoy sólo ha habido un herido leve, un joven al que le ha alcanzado una canasta en el cuello. Escenas como esta se repiten todos los viernes en este pueblo que se ha convertido en emblema de la lucha de los palestinos contra la ocupación.

La barrera que Israel ha proyectado tendrá 703 kilómetros, de los que ya se han levantado unos 410. En su mayor parte es una valla metálica, aunque lo más espectacular es el muro de hormigón de nueve metros que se alza en las zonas pobladas. En el sector ocupado de Jerusalén, por ejemplo, el muro está reforzado con alambradas de espino dobles en la parte superior. En Qalquilia, la barrera envuelve completamente la ciudad y

sólo deja una carretera de acceso, controlada por el Ejército.

Los israelíes lo denominan gader, que significa valla. Los palestinos usan la palabra yidar, que significa muro. Con frecuencia unos y otros discuten qué es más correcto, muro o valla. Los palestinos argumentan que debería ser muro, puesto que el muro es lo que afecta más a la gente. Los israelíes responden que el muro es sólo una fracción de la obra. El libro de estilo de la BBC ha decidido ignorar ambos argumentos y denominarla barrera.

Semántica aparte, la barrera israelí está convirtiendo Cisjordania en una gran prisión. A los cientos de controles militares que hay dentro de Cisjordania se suman los dispuestos a lo largo de su recorrido, unos controles que sólo son permeables para los israelíes, y más concretamente para el medio millón de colonos judíos que residen en los territorios ocupados.

El muro se ha convertido en un atractivo para los artistas internacionales. La cara palestina se ha aprovechado completamente con dibujos alusivos a la ocupación, hasta tal punto que ya no queda lugar para más grafitis. Los dibujos más populares son los del cotizado artista británico Banksy.

El Tribunal Internacional de Justicia de la Haya resolvió en 2004 que el muro es ilegal y pidió su desmantelamiento, pero el dictamen no ha tenido consecuencias. La idea de levantar el muro la tuvo el entonces primer ministro Yitzhak Rabin, en 1992. Dos años más tarde se construyó el primer tramo, dos kilómetros a la altura de Netanya, pero el empuje definitivo lo dio Ariel Sharon a partir de 2002.

Otro muro construido por Israel, esta vez de metal, de ocho metros de altura, separa la franja de Gaza de Egipto. El resto de la franja está rodeada por una valla metálica que convierte a Gaza en una especie de gran campo de concentración para un millón y medio de palestinos.