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El BCE siembra confusión y hunde más los mercados

La obsesión de la entidad por la inflación y su respuesta timorata a la crisis de deuda desencadenan el pánico bursátil en todo el mundo

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Halcones y palomas libraron ayer una batalla cuyo principal resultado fue un reguero de víctimas colaterales... en los mercados. Los halcones son los economistas más ortodoxos que aún reinan en el Banco Central Europeo (BCE) y las palomas, los amedrentados expertos que pelean en el Consejo de Gobierno de la institución para flexibilizar su hoja de ruta. La lucha de estas dos corrientes -históricas en la sede del banco- cocinó una toma de decisiones para combatir la crisis de la deuda en una Europa descafeinada, que empeoró con su desafortunada comunicación al público y con la nula empatía de los inversores.

En una de las peores semanas de las Bolsas desde que comenzó la crisis, con dos grandes del euro (España e Italia) rozando durante varios días los 400 puntos básicos de prima de riesgo y con la mayor superpotencia mundial (EEUU) en clara desaceleración económica, el presidente del BCE, Jean Claude Trichet, volvió a advertir de la necesidad de vigilar la inflación, de los peligros de una segunda vuelta en los precios y de lo 'confortable' de la política monetaria en Europa.

Aunque Trichet anunció que los tipos se quedan como están (1,5%), que se ponen en marcha nuevas líneas de liquidez para la banca y que no descarta la intervención en los mercados con la compra de deuda, los mercados se quedaron perplejos con la rigidez de la respuesta del vigilante del euro. El (saliente) presidente de la institución insistió con dureza durante la rueda de prensa en que el objetivo prioritario del organismo era mantener la inflación a raya. 'Es la única aguja de nuestra brújula', llegó a clamar, sembrando la preocupación entre los inversores por una asincrónica política monetaria en Europa. La decisión del BCE en julio de 2008 de subir los tipos hasta el 4,25%, fue interpretada por muchos como la puntilla para las economías más endeudadas, como la española, y el detonante de la agresividad de la recesión.

La sensación de que dentro del BCE los más dogmáticos siguen imponiendo las medidas de siempre se acrecentó cuando el francés reconoció que mientras las decisiones en política monetaria habían sido unánimes, la posibilidad de comprar bonos había tenido discrepancias. Por eso, el escondite al que jugó Trichet durante toda la rueda de prensa, en la que asomó la patita para decir que 'no me sorprendería que al final de esta conferencia vieran algo en el mercado', no causó la acogida positiva esperada. No es la primera vez que la institución aprovecha la comparecencia de su presidente para intervenir en el mercado.

Según los gestores de las Bolsas, la entidad europea intervino ayer comprando (o preguntando el precio) del bono a diez años de Irlanda y Portugal, aunque durante el tiempo que duró la rueda de prensa en las mesas de negociación se extendió el rumor de que también estaba interviniendo con la compra de bonos italianos. Esto llevó a relajarse a la prima italiana durante unos instantes, pero el efecto fue efímero.

En su paradójico discurso Trichet aventuró una desaceleración económica en el segundo y tercer trimestre en Europa con 'riesgos al alza' en esta previsión. La única reforma estructural concreta que urgió a los miembros del euro fue la eliminación de las cláusulas que indexan los salarios a la inflación. Una práctica por la que se ataca a España de forma recurrente.

Para Trichet es 'obvio' el efecto contagio por EEUU y sus dudas sobre el techo de la deuda. En este sentido, presumió de que 'en conjunto' los países del euro están mejor financieramente que EEUU. Salvo excepciones. Así, urgió a Italia a adoptar ya reformas estructurales. Y a los 17 países del euro les pidió implementar cuanto antes y por completo los acuerdos del Eurogrupo del pasado 21 de julio por los que se ampliaría el fondo para rescates y se daría a los países poder para comprar deuda.

Tras las palabras de Trichet, la debacle en las bolsas fue inmediata y los índices europeos registraron las caídas más fuertes del año. La bolsa italiana fue, con diferencia, la más castigada. Milán cerró con un desplome del 5,16%, después de que las autoridades bursátiles suspendiran la cotización durante más de hora y media alegando 'razones técnicas' para no ofrecer los precios de los valores. Le siguieron el Cac 40 francés, con pérdidas del 3,90%, y el Ibex 35 español, que retrocedió un 3,89%, hasta los 8.686 puntos, la mayor caída del indicador español en 14 meses. Wall Street no se quedó atrás y las pérdidas llegaron al 4,3%, con la mirada puesta en una segunda vuelta de la recesión.

Las órdenes de venta fueron masivas. 'No se atendía a ningún criterio. Sólo se dieron órdenes de venta en todos los activos de riesgo y el dinero buscó el refugio de los bonos alemanes y estadounidenses', aseguran desde una mesa de negociación española. La rentabilidad del bono alemán cayó en picado hasta el 2,3%. Más del 6% en poco más de dos horas de cotización a raíz de la intervención del presidente del BCE.

La pasividad de Trichet ante Italia y España reforzó el nuevo supuesto con el que elucubran los inversores. ¿Y si el siguiente en caer en Europa no fuera España si no Italia? El deterioro de sus diferenciales en la última semana así lo apunta. Tras meses a salvo del contagio, ahora la rentabilidad de los bonos italianos a dos y cinco años está más alta que la de los españoles. En el bono a 10 años, el que sirve de referencia para calcular la prima de riesgo, la diferencia es mínima. Un 6,2% del español, frente al 6,1% del italiano. Además, ayer el diferencial con Alemania para el bono español cerró en 398 puntos básicos, y el italiano se quedó en 389. 'La línea que debería desatar el rescate está demasiado cerca. No hay dinero para rescatar a Italia. Además, este país tiene fuertes compromisos de deuda este año', advierten los gestores de Bolsa consultados. Los rumores sobre que Italia cancelaría sus inminentes subastas de deuda también corrieron por los mercados.

Por eso, los inversores vieron poco útil la intervención de ayer sobre las deudas de Irlanda y Portugal (una cuestión que debe confirmarse la próxima semana cuando el BCE publica el saldo de este tipo de operaciones). El movimiento se habría quedado en un simple gesto que confirma la gravedad del momento que habría llevado a la tercera intervención de un banco central en tres días. Tanto la autoridad monetaria suiza como la de Japón han actuado para devaluar sus monedas, disparadas frente al dólar.

Ante esta inestabilidad, el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, siguió la conferencia de prensa de Trichet desde su despacho de la Moncloa, donde permanece después de haber cancelado sus vacaciones. Zapatero, que cumplía ayer 51 años -comparte aniversario con Barack Obama- estuvo en contacto permanente con la vicepresidenta segunda, Elena Salgado, y con el resto del equipo económico.

Hoy las miradas estarán puestas en un dato: la evolución del empleo en julio en EEUU. Si es negativo: una nueva tormenta perfecta está servida.