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Berlín, una fábrica de luz y cultura

Una antigua central térmica berlinesa cambia la producción de luz por la de cultura.

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Una gigantesca central térmica del antiguo Berlín oriental ha sido reciclada como sede de la cultura contemporánea y social con un amplio espacio para exposiciones y una discoteca en sus sótanos.

Ubicada en el centro de la ciudad y construida en 1961 por el extinto régimen comunista en el mismo año en que se levantó el muro, la central tiene una superficie de 22.000 metros cuadrados y techos de hasta 30 metros de altura.

Después de varios años trabajando en su rehabilitación, su interior ha sido despejado al máximo para ofrecer un amplio espacio expositivo con diferentes niveles y muchas posibilidades artísticas, pero manteniendo la estética de una central eléctrica.

Así, en sus paredes todavía pueden leerse frases o códigos sobre la producción de electricidad, al tiempo que en la fachada exterior, dos torres sobresalen del recinto y se erigen como elemento visual para reconocer la ubicación del nuevo centro cultural.

Trafo, que en alemán es la abreviatura de Transformator, es el nombre de este centro que ofrecerá un espacio alternativo para 'la cultura que persiga el cambio social'.

'Trafo será un lugar donde tendrán cabida nuevas asociaciones innovadoras, se podrán iniciar nuevas culturas urbanas, pensar en formas ecológicas de producción y desarrollar nuevos métodos de aprendizaje', reza su lema.





'¿Cómo transformar la economía actual en una más solidaria y que no destruya los recursos naturales? ¿Cómo se puede conseguir que la democracia sea más fuerte?' son algunas de las cuestiones que Trafo planteará a los visitantes en sus exposiciones y congresos.

Comenzará a funcionar el próximo 2 de octubre con la exposición Realstadt - Wünsche als Wirklichkeit (Ciudad real - Deseos tocando a las puertas de la realidad), basada en unas 250 maquetas de diferentes escalas y 65 proyectos urbanísticos de ciudades alemanas que evidencian 'la voluntad de cambio y de mejora en la vida urbana', en palabras de uno de los comisarios, Martin Heller.

'Las ciudades se construyen a partir de sueños y animadas por ellos', indica la otra comisaria, Angelika Fitz, tras añadir que ya sean 'deseos mundanos, idealistas o económicos, todos sirven para dar vida a una urbe'.

Desde maquetas elaboradas por arquitectos profesionales hasta algunas ideadas por niños, pasando por proyectos utópicos a nivel local o global, la exposición pretende repensar la arquitectura urbana como un elemento 'al servicio de la sociedad'.

Entre los modelos que se exhibirán en la primera exposición temporal destaca una maqueta de los planes urbanísticos de la RDA para la parte de Berlín oriental que nunca acabó de completarse.

El artífice del proyecto Trafo es el alemán Dimitri Hegemann, uno de los nombres más conocidos dentro de la escena musical y cultural berlinesa desde la caída del muro en 1989.

Llegado a finales de los años setenta a Berlín occidental para estudiar ciencias musicales, Hegemann abrió en 1988 la primera discoteca de música electrónica de la ciudad y en 1991 fundó, en los sótanos de un antiguo centro comercial, el famoso Club Tresor, también convertido en sello discográfico. Presionado por la industria inmobiliaria, Tresor tuvo que cerrar sus puertas y reabrió en 2007 en los sótanos de la antigua central eléctrica.

'Me fascina la estética de este lugar que puede ser un escenario para todo tipo de creación cultural', señala Hegemann a un grupo de periodistas, para añadir que 'no existe ningún espacio con estas dimensiones y características en Berlín'.

Un edificio que cincuenta años atrás producía energía eléctrica y ahora producirá 'energía cultural'.



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