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Berlusconi apelará la prohibición de los crucifijos en las aulas

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El primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, dijo el miércoles que la decisión del Tribunal Europeo de Derechos Humanos que pide la retirada de los crucifijos de las aulas italianas es un intento absurdo de negar las raíces cristianas de Europa.

El país de mayoría católica ha reaccionado con indignación al veredicto que se tomó el martes en Estrasburgo y que afirma que los ubicuos crucifijos de las paredes de las escuelas italianas podrían ofender a los niños que no son cristianos.

El primer ministro conservador, que recibe buena parte de su apoyo de la mayoría católica, dijo en un programa de televisión que la decisión es un intento de "negar las raíces cristianas de Europa. Esto no es aceptable para nosotros, los italianos".

Berlusconi señaló que Italia tiene tantas iglesias que "sólo tienes que andar 200 metros hacia delante, hacia atrás, a la derecha o a la izquierda y encuentras un símbolo de cristiandad".

"Esta es una de esas decisiones que a menudo nos hacen dudar del buen sentido de Europa", comentó el primer ministro, confirmando que el país apelará la decisión después de que su gabinete la estudie en su reunión semanal del vienes.

Por su parte, el Vaticano expresó su "sorpresa y tristeza" ante el veredicto, que ha sido condenado en toda la gama ideológica en un raro momento de unidad entre los políticos italianos. Sólo algunas voces de la izquierda y los grupos ateístas respaldaron la decisión.

Los alcaldes de todo el país prometieron enfrentarse a la decisión y hubo enfurecidas reacciones de bastiones católicos como Polonia. Miles de personas protestaron en Internet en redes sociales.

"En el tercer milenio, Europa sólo nos deja calabazas de Halloween mientras nos priva de nuestro símbolos más queridos", afirmó el número dos del Vaticano, el cardenal Tarcisio Bertone.

Italia está en pleno debate sobre cómo gestionar una creciente población de inmigrantes, la mayoría musulmanes, y la decisión podría convertirse en otro argumento para la campaña del Gobierno de tomar medidas contra las nuevas llegadas.

Mara Bizzotto, una eurodiputada de la coalición contraria a la inmigración que apoya a Berlusconi, la Liga Norte, preguntó por qué el tribunal europeo había tomado medidas contra el crucifijo pero no había prohibido símbolos musulmanes como "velos, burkas y nikabs".

El caso lo presentó una ciudadana italiana, Soile Lautsi, que se quejó de que sus hijo tuvieran que asistir a una escuela pública en el norte de Italia que tenía crucifijos en todas las aulas, negándole por lo tanto el derecho a darles una educación secular.

Dos leyes italianas de los años 20, cuando los fascistas estaban en el poder, establecen que las escuelas deben mostrar crucifijos.