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El bestiario urbano de Starsky Brines

El artista venezolano acude por primera vez a Europa para presentar a "sus compañeros imaginarios"

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En Donnie Darko, la película de Richard Kelly, Frank es un siniestro conejo gigante que predice el final del mundo. Frank sólo existe en la imaginación de Donnie, quien se deja llevar por sus visiones, provocadas por la esquizofrenia. Frank es su único amigo, porque cree Donnie le protege del violento mundo exterior. Los dibujos del artista venezolano Starsky Brines, expuestos en la galería Fernando Pradilla de Madrid, despiertan esquizofrenia (temporal, no asustarse), porque su curiosa fealdad y su ambigua belleza recuerdan que en cada uno de nosotros sigue habiendo un niño pequeño que quiere jugar con sus amigos imaginarios.

Cuando uno se detiene delante de los casi 120 dibujos y pinturas de la exposición Caso fortuito, la primera impresión es hay que decirlo claro malestar por la desfiguración de los personajes. Parecen bocetos de un niño de 7 años, que suelta toda su rabia después de su primer día de cole. Pero cuanto más se acerca la mirada, más salen del papel y de la tela los personajes, y para cobrar vida. 'Quiero expresar la ambigüedad del ser humano con un lenguaje infantil, aunque conservando cierta angustia', explicó el artista el miércoles, pocas horas antes de inaugurar la muestra.

Es la primera vez que Starsky Brines no es un seudónimo deja su Venezuela natal para descubrir Europa. Es la primera vez que viene a Madrid y el artista no esperaba ver sus dibujos en un barrio de Salamanca, cerca del Parque del Retiro. 'Este entorno no tiene nada que ver con de dónde soy yo', apuntó. Nació en 1977 en Caracas, antes de mudarse a Maturín, una ciudad del Este de Venezuela, donde se crió rodeado de animales. Pero a los 14 años, su familia volvió a la capital, 'un cambio muy violento'. Brines habla de un 'trauma infantil', de 'un niño solo', para justificar el estilo de sus dibujos.

Sus personajes son híbridos entre niños y animales. El conjunto se parece a un bestiario. Primero se ve a animales, luego a niños que juegan con máscaras, luego a animales... 'Son mis compañeros imaginarios. Tengo la necesidad de cubrirme las espaldas; son como mi pequeño ejército personal', confió Brines. ¿Animales o niños? 'Son ambos, porque los humanos se animalizan y los animales se humanizan', respondió.

Detrás del aparente dibujo torpe todas las obras estan realizadas con lápiz grueso y pintura industrial, se esconde mucha técnica. Las obras más grandes, pintadas sobre tela, recuerdan a Jean-Michel Basquiat, referencia del arte urbano en la Nueva York de los años ochenta, apadrinado por Andy Warhol. Basquiat es una de las referencias de Brines, aunque el artista se ve más como alumno de pintores de su país, como Antonio Lazo, Ernesto León y Octavio Russo.

Brines es en América Larina una de las nuevas promesas de las artes plásticas. Tras recibir el segundo premio de la Feria Iberoamericana de Arte en Venezuela, expuso sus obras en varias galerías de su país y de Colombia. Sin embargo, no cree en 'una pintura latinoamericana', porque 'son muchos países, con muchas cosas muy diferentes'. Lo que sí ve en común es la violencia y cómo se refleja en las obras de arte: 'Hay un gran problema de violencia en Caracas, aunque mi trabajo no pretende resolver el problema'. Varios de sus 'compañeros imaginarios' llevan un arma.

Starsky Brines es un chico tranquilo, no alza nunca el tono. Nada que ver con la rabia que transpiran unos de sus dibujos. 'Hay que dejar hablar la irracionalidad, la ambigüedad de las personas, como cuando alguien te abraza y te lo dice todo, pero no te dice nada', aseguró.