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La Biblioteca Nacional exhibe un tesoro español, los códices de la Capilla Sixtina

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Hasta 1998, Toledo albergaba un gran tesoro: una colección de 37 códices de lujo procedentes de la Capilla Sixtina de Roma y que, por primera vez, se exponen en "Los Códices de la Capilla Sixtina" que acoge desde hoy la Biblioteca Nacional, en Madrid.

La descubridora de esos manuscritos fechados entre los siglos XI y XVIII y pertenecientes a papas y catedrales de la corte pontificia fue la italiana Elena De Laurentis que comisarió esa muestra que reúne 40 códices miniados de la colección española Borbón-Laurenzana.

Los historiadores del arte hasta hace doce años no tenían constancia "en el inventario" de la Capilla Sixtina de ese tesoro español, señaló a Efe De Laurentis que ha trabajado en la exposición junto a la mejor investigadora en el mundo de códices de cantores de los fondos de la Capilla Sixtina, Emilia Anna Talamo.

Lo que sí se sabía era que 41 códices sixtinos -uno de ellos, perdido- en 1978 fueron adquiridos en Roma por el cardenal Francisco Antonio de Lorenzana, quien era legado de Carlos IV ante la Santa Sede.

El objetivo de la compra fue salvaguardar esos 40 códices litúrgicos procedentes de la Sacristía de la Capilla Sixtina y evitar que cayesen en manos de los franceses que, durante su invasión de Roma, arrasaban con los bienes culturales bajo la "máxima in Urbis direptione", explicaron las expertas.

Los manuscritos, a pesar de las vicisitudes del traslado desde Roma, llegaron a España y 26 de ellos fueron guardados en la Catedral Primada, actual sede de la Archidiócesis de Toledo, y once en la colección Borbón-Lorenzana de la Biblioteca de Castilla-La Mancha y tres la Biblioteca Nacional, dijo a Efe De Laurentis.

En la presente muestra, "Los Códices de la Capilla Sixtina. Manuscritos miniados en colecciones españolas", que permanecerá abierta hasta el próximo 9 de enero de 2011, "el núcleo importante de los códices" que reúne la muestra "son los que datan entre los siglos XV y XVII", declaró De Laurentis.

Destacó también "el gran valor estético de las miniaturas" pintadas en pergamino y "la calidad de las encuadernaciones" de estos códices de gran formato que conservan "firmas y escudos de los propietarios".

Una de las características de esta exposición, que ha sido organizada por orden cronológico, explicó De Laurentis, es que esos 40 códices miniados no sufrieron el hurto de páginas ni de firmas de los dueños a pesar de que la Revolución Francesa expolió y cortó páginas y estampas de esos libros.

La rareza de esos códices de "gran belleza" estriba en que están enteros, algunos con "hojas y miniaturas pegadas de códices más antiguos" y, además, en muy buen estado de conservación, comentó Talamo.

Cualidades que elevan el precio estimado de esos manuscritos si salieran al mercado, donde lo habitual es la adquisición de hojas o miniaturas sueltas como ocurrió en la venta que efectuó la casa de subastas británica Christie's en mayo de 1825 de la colección que albergó el abad Luigi Celotti, recordó la experta.

Belén Palanco