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El Bicho embruja al público madrileño en una noche para el recuerdo

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El Bicho celebró a lo grande su despedida del público de Madrid, quien agotó las entradas para un concierto en el que la banda recordó, durante casi tres horas, lo mejor de diez años de fusión y pasión, una forma de entender la música con el rock, el flamenco y la improvisación como bandera.

Pasadas las nueve y media de la noche subieron al escenario del Palacio de los Deportes de Madrid los ocho músicos que dan vida a El Bicho, un retraso que provocó la impaciencia de miles de seguidores que mostraron durante toda la noche su fidelidad y conocimiento de la obra completa de estos músicos.

Desde el principio se notó el poderío de la sección instrumental de El Bicho; un factor que hace de esta banda un experimento imposible de copiar. Algo parecido ocurre con la poesía de Miguel Campello (vocalista), coreada al unísono por todos sus seguidores, quienes recibieron con palmas las primeras líneas de una versión con alma de blues de "Contigo".

"Buenas noches Madrid... ¿La vamos a liar o no?", preguntó Campello a un auditorio enloquecido ante un espectáculo que no había hecho más que comenzar.

Se notaba que El Bicho jugaba en casa. Y es que hace diez años se produjo la incubación de este proyecto en la Escuela Popular de Música de Madrid, donde se forjó la leyenda de un flamenco contemporáneo, alejado de dogmas y con espíritu independiente.

Apenas habían transcurrido unos minutos de actuación y el directo de El Bicho tomaba una forma indeterminada. Y es que se produjo un giro inesperado hacia el rock progresivo con "De imaginar", otra muestra de la capacidad que posee este grupo para versionarse a ellos mismos y dar nuevos bríos a sus canciones.

La llama flamenca se encendió por primera vez con "Mamá Dolores", un clásico endulzado con el "quejío" de Campello, quien por entonces ya había ejecutado una voltereta en el aire hacia atrás y se había roto la camisa, un recurso espectacular que demuestra la explosividad y la plasticidad del cantante.

Uno de los momentos cumbre de la actuación de El Bicho llegó con "Condena", una especie de ópera rock donde, durante más de diez minutos, hubo momentos de calma que se alternaban con otros de desenfreno.

Tras esta bella composición fue el turno para "De vivir", el primer corte de "El Bicho VII" (2007), el último álbum de estudio grabado por la banda. Campello se lució de nuevo con un penacho de plumas y unos bailes que guardan cierta similitud con la danza de los derviches turcos.

En la noche en la que El Bicho se despidió de la ciudad que los vio nacer no faltaron las colaboraciones de artistas invitados. En primer lugar fue el turno de La Shica, quien entonó en compañía de Campello una versión de "La Bienpagá" que no tiene precio.

Tras la interpretación de "La Azotea", El Bicho recibió la visita de Kutxi Romero, vocalista y compositor del grupo de rock navarro Marea. Juntos descargaron sobre Madrid el enérgico tema "Rockipankis", una declaración de intenciones que muestra las influencias de una formación con señas de identidad propias.

Con "De rodillas" y "Los malos" El Bicho fue cerrando su recorrido por lo más selecto de su discografía, que se nutre de tres exquisitos discos de estudio. En el recuerdo del público madrileño quedará la interpretación de "Letras", una composición acompañada por la actuación de dos excelentes bailaoras.

Tras casi tres horas de arte, sudor y posiblemente alguna lágrima llegó el adiós convertido en un hasta pronto de El Bicho, una especie única en el panorama musical que puso fin a la velada con "Locura", el tema que mejor define el estado al que llevaron a sus seguidores.