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Bienvenidos a la novela 2.0

Enrique Rubio publica Tengo una pistola, un libro que se vale del lenguaje de la web 2.0 y los videojuegos para narrar su propia historia

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A nuevas épocas, nuevas maneras de escribir y de hacer ficción, viene a decir el escritor Lorenzo Silva en el prólogo de Tengo una pistola, del murciano Enrique Rubio. Un libro que considera 'una señal clara de que llega una nueva novela, propia de este mundo 2.0' en que vivimos. En realidad, es una analogía, una licencia que Silva se toma libremente para definir una historia que coge elementos de la sociedad de la sobreinformación, de la web 2.0 y de los videojuegos, y que 'incorpora a su narración con la naturalidad y seguridad de un escritor consagrado'.

Rubio, sin embargo, nació en 1978 y Tengo una pistola (Booket) es su primera novela. En ella presenta a un personaje y un escenario conocidos pero poco transitados por la literatura de ficción: un joven que se relaciona con el mundo a través de la pantalla de su ordenador, que desconecta en su tiempo libre gracias a un videojuego de disparos en un Manhattan virtual y que se gana la vida colgando sus propios contenidos en la Red. 'Me interesaba llevar al extremo lo que creo que estamos viviendo en la actualidad: cada vez tenemos más medios de comunicación, mejores tecnologías, pero, al mismo tiempo, la gente está más aislada. Me surgió la idea de llevarlo todo al extremo', aclara el autor.

Diplomado en Psicología, Rubio se inspiró en una experiencia real en un curso de tratamiento de la depresión para dar a vida a Cascaradenuez, el login detrás del cual se esconde un protagonista hiperactivo y fóbico social. Un personaje que mantiene una relación fetichista con la tecnología (necesita del ratón del ordenador para dormir como un niño necesita meterse un dedo en la boca) y que guarda una pistola, por si decide que su vida debe pasar a modo off. '¿Cómo enfocaría su vida alguien que siempre puede tener la muerte al alcance de su mano? Es lo que me interesaba contar en la novela', dice.

Rubio hace suya la narración en primera persona de los videojuegos (que sirven de 'refugio' para un joven que no sale a la calle) y retrata una de las obsesiones de nuestro tiempo: el afán coleccionista, el deseo irrefrenable de acumular, películas, discografías, series de televisión... aunque luego no tengamos tiempo para consumirlo todo. 'Es que me agobia. Me estresa la saturación que tenemos de información, de posibilidades y de ocio. Y más desde la aparición de Internet. Almacenamos muchísimas cosas que no tenemos tiempo para disfrutar', confiesa.

Corta y pega

Todo lo que rodea a Cascaradenuez y su mundo es asfixiante, como una jaula cubierta de cables y pantallas, según la tradición de autores con la que Rubio se siente más cómodo, la de Bukowski y Chuck Palahniuk. Cuenta Rubio que nunca tuvo intención de utilizar un lenguaje determinado propio de Internet (plagado de tecnicismos, siglas en inglés y datos estadísticos de corta-y-pega), sino 'el que me pedía la historia. Prefiero los autores extranjeros porque hablan de su mundo sin tantos corsés. En España hay demasiada novela histórica y de la Guerra Civil. No hay espacio para hablar de la actualidad, la ciencia o la tecnología; que son tabúes. La literatura española parece que está desconectada de la gente y del mundo'.

En esto coincide Lorenzo Silva, para quien Tengo una pistola tiene 'una temática, un personaje y una realidad que son novedosas' en la narra-tiva en castellano, aunque, curiosamente, su mayor logro esté en que no deja de ser una novela de las de toda la vida. 'Parece como si la generación más joven de escritores le tuviera alergia al esfuerzo estructural que siempre requiere una novela, un esfuerzo penoso, laborioso, de largo plazo. Veo mucho talento momentáneo, en la pequeña distancia, en los blogs, en los relatos cortos, pero no veo muchos novelistas en esta generación'.

La Red y la humanidad

En el fondo, ambos, Silva y Rubio, coinciden en que Tengo una pistola no deja de hablar de algo tan humano y antiguo como la relación del hombre con sus herramientas. 'Es una novela sobre la naturaleza humana porque la tecnología, al fin y al cabo, es un instrumento. Y los problemas que surgen son fruto de cómo nos relacionamos con ella'. Silva va más allá: 'Internet acoge los conflictos humanos en un escenario nuevo. Es decir, las cualidades y defectos humanos los traslada a otra dimensión. En el fondo, Internet es una especie de hiperhumanidad'.

Sin querer pontificar ni anunciar el fin de nada con lo de la novela 2.0, Silva concluye su prólogo con que Tengo una pistola no deja de ser una buena noticia porque, 'igual que el antiguo, también el nuevo mundo será bastante más soportable con buena literatura'.