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Billy Mann, cazatalentos de EMI, cree que la música "nunca estuvo tan sana"

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Hace veinte años Billy Mann cantaba con su guitarra en las puertas de las grandes discográficas en Nueva York y hoy se encarga de fichar a nuevos artistas de EMI, uno de los sellos más grandes del mundo. Un recorrido desde el que puede afirmar que, pese a la crisis, la música "nunca ha estado tan sana".

Resulta raro encontrar a un directivo de una discográfica, grande o pequeña, que hoy en día no aproveche la cercanía de un periodista o de un micrófono para lamentarse del daño, económico, moral y artístico, que Internet y sus posibilidades de piratería han hecho al negocio de la música e incluso, como está poniendo en peligro su supervivencia.

"Hay más gente consumiendo música que nunca", afirma, sin embargo, Billy Man, para quien la piratería "es un desafío" para la industria, dentro de una batalla en la que, al final, "la música ganará".

"El futuro de las compañías de música es escuchar a los consumidores", añade Billy Mann en una entrevista con EFE durante su visita a España, uno de los países en los que este directivo, al que algunos llaman "el hombre de los oídos de oro", trabaja.

Desde 2008, Billy Mann es director creativo de EMI, una firma desde la que supervisa los nuevos contratos de artistas de todo el mundo, excepto los de Estados Unidos y Gran Bretaña.

A la dirección de EMI llegó cuando la multinacional compró la compañía de música independiente Stealth Entertainment, que él fundó en el 2001, después de haber sido durante años productor de numerosos músicos y bandas, desde Art Garfunkel a Anastacia, de Ricky Martin a Take That, Pink o Celine Dion.

"Ha ayudado a escribir y vender más de 75 millones de discos en todo el mundo", se lee en la biografía de este hombre que empezó su carrera buscando una oportunidad cantando en los vestíbulos de las grandes discográficas de Nueva York.

"Aquella experiencia nunca se ha ido y no quiero que se vaya, me sirve para asegurarme de que tomo las mejores decisiones", subraya mientras apunta que ahora él no encuentra aspirantes a estrellas de la música cuando entra en su oficina: "Hoy el lobby es Myspace o Youtube, el lobby es mucho más accesible para todo el mundo y creo que eso es hermoso".

Y, según dice, también es en Internet donde, a golpe de ratón, se toman las decisiones de quien va triunfar y quien no.

"En el pasado la industria era la que empujaba, encontraba a un artista, presionaba un botón de marketing y le decían a la audiencia: os va a gustar esto porque yo soy poderoso y os lo estoy acercando. Hoy las compañías reconocen que el botón que solían apretar está ahora en el ratón de una chica de 15 años de Ronda, Pamplona o Bilbao. Ella decide qué botón aprieta y a la industria no le queda otra que aprender a escuchar".

Por eso, en su opinión, es inútil que las compañías intenten "aferrarse al pasado" porque "la pasta de dientes ya está fuera del tubo, no puede volver a entrar". Lo que toca ahora es ser "más ambiciosos" y "abrazar Internet" porque ahí están "los oídos reales de la gente real". "Lo espectacular de Internet es que la verdad siempre sale", añade.

Su discográfica ya se ha volcado en este cambio y para ello apuesta por hacer de cada relación con un artista un "traje a medida" que le conecte con sus fans, porque ellos son los que "van a elegir lo que quieren, cuando lo quieren y cómo lo quieren, en su móvil, en su i-Pod o en su ordenador".

Y es que para las compañías discográficas ya "no es todo vender cds". Lo dice sin pena este directivo para quien en el futuro "la música será más fuerte" porque se multiplicarán las posibilidades.