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Blancanieves regresa muda, gótica y española

El director de Torremolinos 73 traiciona a Disney en su próxima película

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No busca la complacencia. Ni el camino fácil en los tiempos en que el público se va de las salas a la comodidad del salón de su casa. Tampoco apuesta por la muy cacareada irrupción del 3D estereoscópico como la tabla de salvación del cine.

Pablo Berger, director de la muy popular Torremolinos 73 (tanto que hasta tiene remake en China), se lanza en su segunda película a por una rareza: una versión del cuento de Blancanieves que no sólo evita la versión edulcorada que ha llegado a nuestros días, Disney mediante, (nada de madrastras, la mala es la madre de Blancanieves en el cuento original), sino que pretende llevarla a la pantalla en blanco y negro y bajo los códigos del cine mudo.

'Algunas de las experiencias más intensas que he tenido en una sala de cine han sido con películas de cine mudo', reconoce el realizador vasco que rememora momentos de éxtasis viendo Avaricia (Erich von Stroheim, 1924) en el Festival de Cine de San Sebastián. 'Blancanieves se plantea para que el espectador vuelva al cine. Es una reivindicación del cine como ceremonia. Cada vez se ven más películas, pero en pantallas más pequeñas. Si ofreces algo que de verdad necesita ser visto en una grande, el público vendrá'. ¿Su empeño? 'Que la gente entre en trance durante hora y media'

Maribel Verdú será una malvada madre bajo la batuta de Alberto Iglesias

Confiado, Berger se guarda las espaldas con unos buenos primeros platos que pueden ayudar a que el espectador no se sienta disuadido por un cine que dejó de hacerse en los años treinta: Maribel Verdú y Alberto Iglesias, cómplices ambos en una empresa cuanto menos marciana en el cine nacional. Verdú será la madre/madrastra 'la mala más mala del cine', apunta Berger y el compositor varias veces nominado al Oscar Iglesias se encargará de una banda sonora que Berger define como 'espectacular e indisoluble de las imágenes'.

Su Blancanieves que empezará a rodarse en enero de 2010 será 'un melodrama gótico', advierte, 'más cercano a Cumbres borrascosas, de Emily Brönte, que a la candidez de la versión animada del cuento que los hermanos Grimm rescataron. Y llevará a su blanca protagonista a los años veinte. 'El hecho de que sea una película silente me ayuda en ese viaje', apunta el realizador desde su pequeño estudio en Madrid. La estética estará cercana al terror clásico y habrá elementos de cine de aventuras, de acción'. Hollywood ibérico, lo llama.

Nada de espejos

«Se acercará más a Cumbres borrascosas que al relato de los Grimm»

En ese sentido, en el de la vocación ingenua o no de hacer un homenaje al cine mudo directo y sin juegos de espejos posmodernos como han hecho Olivier Assayas en Irma Verp o José Luis Guerín en Tren de sombras, Berger se aleja de otros acercamientos contemporáneos al cine silente.

Hace dos años llegaba a España el filme argentino La antena, de Sebastián Sapir, que, con vocación experimental, planteaba un mundo al que los poderosos le había usurpado la voz. Planteada como una crítica social fabulada, el filme alcanzó poco más de 5.000 espectadores en nuestro país.

Efectivamente, y como recuerda el crítico e historiador de cine Àngel Quintana, los acercamientos contemporáneos al cine mudo han venido de 'francotiradores' como Aki Kaurismäki (Juha, 1999) o el propio Guerín y difícilmente de la industria, salvo en el caso de Palace, de Tricicle, cuya elección casaba con la tradición del mimo y el burlesque de su teatro. Tati sería otro buen ejemplo.

La marcianada de Pablo Berger es más sorprendente aún viniendo del seno del cine industrial. Berger podría haber seguido tirando del fenómeno Torremolinos y probar suerte, sobre seguro, con una comedia agria como la precedente. 'Pero para mí el cine es un reto', responde. Un reto nada barato la película rondará los cinco millones de euros para el que el vasco ha convencido a productores de Italia, Alemania y Francia que le acompañarán en un filme que quiere ser bigger than life.