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Bolivia: En busca de las misiones de Chiquitos

Recuerdo vivo de un experimento social en el que se quería vivir la utopía de los filósofos renacentistas, las misiones jesuíticas de Chiquitos forman un conjunto arquitectónico único e irrepetible.

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Las llanuras orientales de Bolivia son un mundo de transición entre los Andes y el Pantanal (de oeste a este) y entre la Amazonia y el Chaco (de norte a sur). Aquí, lejos de todo, entre los siglos XVII y XVIII, en esta tierra de fronteras naturales y políticas -entre el imperio español y el portugués- tuvo lugar uno de los más profundos y significativos experimentos sociales del tiempo de la colonia, en el que se quisieron materializar todas las ideas utópicas de los filósofos del Renacimiento.

En esta zona los jesuitas levantaron diez reducciones, diez agrupamientos de indígenas para evangelizarlos. Éstos, ante la alternativa de ser tratados como esclavos por los encomenderos, aceptaron de buena gana participar de la vida de estos poblados organizados en base a ideas extrañas para ellos. En 1691 se construyó la misión de San Xavier, a la que seguirían otras nueve. Las seis que se conservan en la actualidad (Concepción, San Miguel, San Rafael, Santa Ana y San José de Chiquitos, además de la de San Xavier) están consideradas por la Unesco Patrimonio Mundial.

El extraordinario patrimonio cultural de estas misiones es el reflejo de una forma de ser. Desde 1691 hasta su expulsión en 1767, los jesuitas no sólo enseñaron el Evangelio a los indígenas chiquitanos. También arquitectura, agricultura, ganadería, etc. Y música y canto, sobre todo música y canto. El establecer la evangelización a través de la música renacentista y barroca unido al curioso barroco mestizo de la arquitectura hace de estas misiones un lugar único y excepcional.

Varias de estas iglesias -casi catedrales por el tamaño- fueron construidas bajo los designios de un sólo arquitecto, el padre Martin Schmid. Suizo de nacimiento, formó parte del flujo de jesuitas germano hablantes que, en el siglo XVIII, llegaron a América para ayudar a transformar la vida misional. El origen centroeuropeo es fácilmente detectable en diferentes aspectos de la arquitectura de las misiones, aunque también se pueden encontrar elementos que hacen pensar en las 'cabañas largas' que los guaraníes construían en tiempos anteriores a la conquista.

Pero el padre Schmid lo mismo construía iglesias que órganos, y al cabo de diez años había conseguido que en todas las misiones resonara la música para transmitir su mensaje. Esta herencia musical se ha mantenido, con altibajos, a lo largo de los siglos, y renace con fuerza en los últimos años, sobre todo con la creación de orquestas en los diferentes pueblos y con la organización del Festival de Música Renacentista y Barroca Americana.

Aunque la mayoría de las misiones responden a un esquema similar, cada una tiene sus características. La de Santa Ana, la más pequeña de todas, es la que mejor transmite la sensación de obra arquitectónica artesanal e irrepetible. Las de San Miguel y San Rafael sorprenden por sus extraordinarias columnas de madera de una sola pieza; la de San Javier, por su revoque exterior e interior en blanco; la de Concepción por su decoración. La de San José, en cambio, es completamente diferente a las demás, la única con la fachada de todos los edificios de la misión construidos en piedra. El conjunto, en cualquier caso, es uno de los mejores ejemplos en todo el continente americano de convivencia en tiempos virreinales.



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