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Bolivia estrena la festividad del año nuevo indígena

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Bolivia recibió el lunes por primera vez como festivo nacional el año nuevo indígena, una de las celebraciones emblemáticas de la "revolución" liderada por el presidente Evo Morales que sitúa a los pueblos originarios en el centro de la política nacional.

Gobernantes y líderes aborígenes instaron a la paz y la unidad del empobrecido país en la ceremonia central realizada en las ruinas precolombinas de Tiwanacu, a 3.800 metros sobre el nivel del mar, donde Morales y millares de indígenas y turistas extendieron sus manos hacia unos primeros rayos del sol opacados por imprevistas nubes.

La celebración marcó un paso más de la "recuperación de identidad" promovida por Morales, quien inició en enero su segundo mandato quinquenal en aplicación de una nueva Constitución socialista y "plurinacional" que sitúa a los indígenas en el centro de la política boliviana.

Replicada en decenas de otros sitios históricos y plazas en gran parte del país, la bienvenida al año nuevo indígena tuvo lugar incluso en el distrito oriental de Santa Cruz, donde el derechista gobernador opositor Rubén Costas dejó a un lado su inicial rechazo y se sumó a última hora a la fiesta.

"(Queremos) sobre todo pedir a la madre tierra que nos acompañe, y como los amautas (ancianos celebrantes) pedimos paz. Unidad, justicia social, que se acabe la violencia", dijo Morales en Tiwanacu.

El llamamiento se produjo mientras medios locales destacaban un rebrote de violencia política en Sucre, la capital constitucional, donde un recién electo alcalde opositor se negaba a acatar una orden judicial de dejar el cargo para hacer frente a un juicio por racismo, sedición y otros delitos.

RESCATE CULTURAL

La fiesta fue revivida hace unas tres décadas como año nuevo aymara en el occidente del país y adquirió este año carácter nacional con el decreto de Morales que estableció la festividad por el "año nuevo andino-amazónico".

Amautas aymaras, que dijeron estar recibiendo su año 5.518, proclamaron el "Willka Kuti" (retorno del Sol), pronosticaron un período de paz y productividad y acompañaron a Morales a depositar una ofrenda al Sol y a "Pachamama" (madre tierra) en un altar improvisado en el centro de Tiwanacu.

La ofrenda fue consumida en una fogata encendida justo cuando los asistentes extendían sus manos hacia el oriente, esperando unos rayos solares casi imperceptibles por unas poco habituales nubes de junio que acentuaron el frío bajo cero que se registraba en el lugar.

El amauta que presidió la celebración invocó la protección de los dioses andinos para Morales, a quien proclamó "Apu Mallku (jefe supremo) constructor de la paz, la unidad y la justicia".

Morales dijo que el año nuevo indígena se celebraba no sólo en Bolivia, destacando en ese sentido la fiesta del "inti raymi" en Cusco, Perú.

En Santa Cruz, el gobernador Costas e indígenas del oriente dieron la bienvenida al "lucero del alba", en una celebración en la que anunciaron también la recuperación de las culturas originarias, aunque diferenciándose de los aymaras y quechuas que son amplia mayoría en el occidente.

Desde la asunción presidencial del aymara Morales en 2006, semi ocultas prácticas culturales indígenas han salido a la luz y ganado inclusive reconocimiento constitucional, como la elección de autoridades comunales no por voto sino por "usos y costumbres" y una polémica "justicia comunitaria".

Los indígenas ganaron también, mediante la nueva carta magna, escaños garantizados en la Asamblea Legislativa y puestos en los principales órganos de la justicia y el poder electoral.