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El boom del pop en catalán

La escena se renueva. Entre la tradición y la novedad, nuevos grupos reviven el esplendor de los años setenta

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Del Alegria (2004) de los mallorquines Antònia Font al 'que bonic, que bonic, que bonic' que entonan Manel en el primer estribillo de su impactante debut Els millors professors europeus. No hay duda de que el pop en catalán atraviesa uno de los momentos más felices de su historia. Manel revientan el mayor teatro de Manresa y su MySpace sobrepasa el medio millón de visitas. Antònia Font llenaron hace unos meses el Gran Teatro del Liceu de Barcelona. Cada mes, nuevos grupos catalanes cantan en catalán y, cada año, muchos se replantean usar su lengua materna para hacer pop. Faltaba tradición.

Antònia Font abrieron oídos a una generación huérfana de referentes. Manel alargan ahora la bonanza y son la comidilla. El público que no pudo ni quiso identificarse con el rock català de los noventa escucha al fin música que les habla como lo hacían en casa. De aquel artefacto artísticamente inexportable (a nivel artístico, cualquier localidad tenía ya grupos así) sólo quedan Els Pets, los únicos que han sabido desmarcarse con canciones redondas de pop universal.

'Antònia Font han liberado al pop cantado en catalán de la coyuntura sociopolítica. Son pioneros y su papel ha sido crucial', opina Gerardo Sanz, manager de los mallorquines y también de Manel y Jaume Sisa. 'Durante el boom del rockcatalà no importaba lo que se decía sino la lengua en que se decía. Se ha superado ese embudo artísticamente estéril, que atascó la creatividad y condenó al olvido el esplendor de la Barcelona de los setenta'.

Éxito fuera de Catalunya

En una tienda de Barcelona como CD Drome, en la que el disco más vendido del año es Animal Collective y no despachan Serrat ni rumba catalana, el debut de Manel está despertando más interés que todos los discos en catalán fechados entre 1992 y 2002. Lo mismo ocurrió con Taxi o Batiskafo Katiuskas, de Antonia Font.

Además, la acogida de Manel por parte de la crítica ha sido espléndida y el público de fuera de Catalunya entra perfectamente en sus canciones. 'En el pasado festival Primavera Club tocamos en Madrid y el concierto funcionó', recuerda Gisbert, cantante y letrista de Manel. 'De vez en cuando explicábamos un poco la historia de alguna canción, pero, al empezar la música, el público quedaba abandonado ante una letra que no entendía y parecían disfrutar igual. A mí me encantaba Kortatu y no tengo ni la más remota idea sobre qué cuenta Sarri, Sarri'. Hay consenso: su disco es el mejor debut en catalán de un grupo pop del que se tiene noticia hasta la fecha.

En los últimos años, Refree (Raul Fernández, reciente Premi Ciutat de Barcelona) o Mishima han adoptado el catalán en sus composiciones. En ambos casos, su personalidad musical salió beneficiada. Sus obras crecieron. La matrona o el último trabajo homónimo de Mishima encontraron propuestas personales que antes sólo se intuían. Ambos abandonaron la influencia del idioma en el que empezaron a escuchar música en la adolescencia (inglés o español) para abrazar con naturalidad lo que mamaron en su infancia.

Este escenario ha favorecido la receptividad del público más dedicado y de otros músicos potenciales. Conxita, Roger Mas, Anímic, Narcís Perichy músicos de La Bisbal como Mazoni y Sanjosex han formado, en el último lustro, una muestra heterogénea de cómo perderle miedo a las aplicaciones del catalán en la música moderna. Gracias a ellos, el ahora es más fácil y el futuro es prometedor. 'Más que un sitio geográfico, se trata de un momento en el tiempo', observa Jaume Plà (Mazoni). Refree ilustra, alternando catalán y castellano, una realidad muy barcelonesa: el bilingüismo.

Grupos como Nisei también han dado el paso: 'Fonéticamente, el catalán permite contracciones muy útiles a nivel rítmico', dice Cristian Pallejà, que ha iniciado el dúo Sedaiósen catalán. Hasta ahora, el sello barcelonés B-Core no había editado un disco en catalán en sus 18 años de vida.

El costumbrismo renovado

Parte de la culpa la tiene el veterano cantautor Jaume Sisa. Su retorno a la palestra con Visca la llibertat enganchó a una nueva generación que ha tendido un arco involuntario con la tradición que había vivido en casa de niño. La cançó, lo galáctico, y el personaje pintoresco que traspasa la barrera del seny català forman parte del tradicionario regional. De lo imaginado por Dalí o Francesc Pujols apenas hubo rastro en los ochenta y los noventa. Albert Plà, Adrià Puntí (hoy Josep Puntí), el último Quimi Portet y la alianza entre Pascal Comelade y Enric Casassas fueron las únicas bengalas con personalidad propia lanzadas a un futuro que parece que ya es ahora.

Manel han iniciado con sólo 12 canciones un nuevo costrumbrismo aplicado que tendría que haber existido antes. Y Joan Miquel Oliver, de Antònia Font, publica el disco Bombón Mallorquín, su segundo trabajo sin la banda.

Sisa ya advertía que los buenos músicos surgían en Catalunya como las setas, por generación espontánea, dispersos y en terrenos imposibles de predeterminar. Todos los augurios apuntan a que tendremos una temporada de bolets como no la ha habido en décadas. Un lugar en el que proliferan individuos muy característicos. Roger Más opina que 'el localismo más rotundo es la propia personalidad del artista'. Según Sisa, creador del concepto, lo galàctic es una manera de interpretar la realidad a partir de todas las realidades imaginadas. Gisbert hace sus apuestas: 'He descubierto el debut de La Brigada y a los imprescindibles Estanislau Verdet. Y el día que Espaldamaceta cante en catalán los incluiré en mi lista de recomendaciones'.