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Boris Vian, brujo de las palabras

Escritores, traductores e ilustradores interpretan la obra del artista francés en una reedición de 'No me gustaría palmarla'

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Sería una inmensa falta de humildad pensar que Boris Vian es imposible de traducir. Los franceses suelen ser así: orgullosos como sus gallos. La obra del escritor, poeta, trompetista y otras muchas cosas, fue traducida en decenas de idiomas, leída en el mundo entero. Pero si hay que dar la razón por una vez y será la última a los más puristas francófilos, que sea para afirmar lo siguiente: Vian no escribía palabras, las hechizaba, las inventaba. Medio siglo después de la muerte del artista francés, la editorial Demipage se planteó un reto: poner en otras palabras, en otro idioma castellano, los versos de No me gustaría palmarla, poemario escrito en 1952. El resultado, que se leerá en público el jueves en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, no es la visión de un solo traductor, sino la de 24 escritores, músicos e ilustradores, uno para cada texto.

"¡Qué difícil es a veces elegir una palabra!", exclama Déborah Vukusic, autora de dos poemarios y traductora de Un hombre en pelotas caminaba. Vukusic estaba acostumbrada a traducir del español al francés, aunque no dudó en participar en el proyecto de Demipage porque Vian era "un autor esdrújulo, puntiagudo, porque trivializa lo importante y subraya lo que no lo es".

Ahí está la dificultad para entender a un autor que, guiado por las notas de su club de jazz, no se conformaba con lo que le ofrecía el diccionario, sino que jugaba con argot, con giros locales y temporales que, quizá, sólo entendía él mismo. En francés, el sufijo -nette se usa para hablar de un objeto que tratamos con cariño. Eduardo Moga no dudó en escribir "trompinetas" pequeñas trompetas para las trompinettes de Algunos tienen trompinetas. Pero sus juegos no siempre parecen tan evidentes.

Para traducir el poema Uno más, Manuel de la Fuente osó reescribir, aunque el texto en castellano no tenga el mismo sentido que en francés. De la Fuente escribe el verso siguiente: "Y las brutales olas en los muelles"; en la versión original no existe ningún muelle, sino que se trata de "olas blandas" o molles en francés. ¿Víctima de un galicismo? Pero el traductor va más allá cuando Vian inventa palabras. Por ejemplo, en un verso con la palabra même ("ni" o "aunque"), la interpreta con un taco como "coño", o convierte el papaouteur en un "cabrón de sodomita". Ya se oye a los más puristas gritando, aunque la libertad de De la Fuente ilustra el debate sobre la labor del traductor.

David Villanueva, el impulsor del proyecto, se defiende: "Quería que los traductores tomaran riesgos. Nadie me dijo que iba a hacer una pequeña traducción ortodoxa. Para entender a un autor, la interpretación es importante". Amelia Gamoneda, que se inventó palabras en castellano para jugar con el poema Si tan tonto el poeta no fuera es decir, con el espíritu de Vian, añade que lo más importante es "rescatar la cuestión rítmica". "Una traducción literal y sin efectos asociados a la rima, hubiese sido un error", confirma Luis Antonio de Villena.

Para Villanueva, la riqueza del libro publicado es "la variedad de autores", entre ellos el cantante Andy Chango y Santiago Auserón, porque "es más coral". La reedición de No me gustaría palmarla también incluye ilustraciones. Uno de los dibujantes, Christophe Martin, explica que "el texto sólo es un pretexto para una experiencia gráfica".

Para ganarse la vida, Vian fue el traductor de muchos escritores existentes e inventados, entre ellos Omar N. Bradley, general estadounidense durante la II Guerra Mundial. Uno se imagina el dolor de Vian, antimilitarista hasta la muerte, para interpretar páginas de orgullo bélico. Se vengó y escribió poco después La merienda de los generales. Déborah Vukusic cree que, si el autor de Escupiré sobre vuestra tumba se levantara, "nos escupiría...". Que no se asuste: a Vian le encantaba lo absurdo.