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Bosnia, 20 años después de la guerra de la vergüenza

El 6 de abril de 1992 se inició el conflicto en Europa más sangriento desde la II Guerra Mundial. Murieron cerca de 100.000 personas.

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98.000 muertos, un millón de desplazados y limpieza étnica sistemática. El 6 de abril de 1992, la Unión Europea reconoció la independencia de Bosnia-Herzegovina de la deteriorada Yugoslavia. Ese mismo día, un grupo de serbobosnios dispararon a quemarropa frente a un grupo de manifestantes dando inicio a la guerra más cruenta desde la Segunda Guerra Mundial. “Peor aún que el número de muertos es el hecho de que la mayoría de las víctimas fueron asesinados de la manera más feroz, organizada y planeada”, asegura a Efe el director de cine bosnio Dino Mustafic.

La República Socialista de Bosnia y Herzegovina era una de las seis repúblicas constituyentes de Yugoslavia. Dentro de sus fronteras convivían musulmanes, serbios y croatas. Tras la declaración de independencia de Bosnia y la completa ruptura de la antigua Yugoslavia, el ejército serbobosnio comandado por, entre otros, el general Ratko Mladic, quien está siendo juzgado ante el tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia (TPIY) por genocidio, inició una campaña de acoso y derribo con la intención de crear la Gran Serbia.

Según el Centro de Investigación y Documentación de Sarajevo (Bosnia), 98.000 personas perdieron la vida en el conflicto bosnio entre 1992 y 1995. De esas víctimas, el 55% era musulmán, el 35% serbio y el resto croata u otros grupos étnicos minoritarios. No obstante, no sólo los serbios cometieron atrocidades durante la guerra. Las tres partes contendientes –musulmanes, serbios y croatas- crearon campos de concentración como Omarska, Keraterm y Trnopolje, donde fueron torturadas y asesinadas miles de personas.

Los casos de violaciones y abusos sexuales fueron también numerosos durante la guerra. El TPIY ha juzgado 18 casos por graves delitos en relación con las violaciones en Bosnia-Herzegovina, pero el Tribunal estatal bosnio ha condenado sólo a algo más de una decena de hombres por esos actos.

A pesar de las desgracias que sufrieron todos los pueblos de Bosnia, 20 años después del inicio de la guerra todavía no existe el país la disposición para iniciar un verdadero proceso de reconciliación.  “La inexistencia de una verdad sobre la guerra y la falta de disposición a juzgar los crímenes son las consecuencias más serias del conflicto bélico que tienen impacto en la actualidad y en el futuro”, declara a Efe el analista Momir Dejanovic, quien lamentó que aun hay “tres o cuatro verdades”. “Los bandos no se hacen cargo de los crímenes cometidos por los suyos”, prosigue.

Actualmente, Bosnia continúa fracturado por líneas étnicas, sin apenas capacidad para consensuar su pasado ni afrontar el futuro. Los dos entes autónomos que forman el país –el común de musulmanes y croatas, y el serbio-así como los tres pueblos, funcionan por su cuenta. Las instituciones centrales, las comunes de los tres pueblos, representan un conjunto de interés que casi nunca coinciden, con una clara falta de cooperación.

“A muchos, me refiero a las personas en el poder, les conviene tal situación por su incapacidad para ir adelante. No hay ideas nuevas, no hay una nueva mentalidad ni entendimiento en la sociedad, y eso lo veo como el problema crucial”,  señala el analista Sacir Filandra, decano de la Facultad de Ciencias Políticas en Sarajevo, que añade que los “temas nacionales” siguen siendo los dominantes en las elecciones. “Pocos dicen que la guerra fue innecesaria y errónea. Domina la tendencia a justificar la guerra como una defensa ante el otro”.

La UE y la OTAN creen que Bosnia-Herzegovina ha comenzado ha comenzado a ver la luz en los últimos meses la luz al final de un largo túnel, tras dar una serie de pasos que parecen mostrar que las dos entidades autónomas creen en el futuro del país. De hecho, el Gobierno de Sarajevo prevé presentar en junio la candidatura al ingreso en la UE, así como avanzar claramente en el proceso de integración en la Alianza Atlántica.

El punto de inflexión sucedió el pasado diciembre con la elección del croata Vjekoslav Bvanda como primer ministro, y la aprobación de dos leyes clave: la creación de una policía y un Ministerio de Defensa auténticamente unidos tras muchos años de insistencia de la UE. “De la misma forma que la UE fue muy ineficaz en evitar la guerra o en ponerle fin, ha sido muy eficaz después”, resume a Efe un diplomático europeo, quien añade que si bien la situación del país no permite celebraciones, “al menos sí es estable”.

A pesar de dicha estabilidad, Bosnia-Herzegovina aun afronta graves problemas internos: las heridas de la horrible guerra civil, el desempleo bordea el 45% y hay altos niveles de corrupción y clientelismo político. Sin embargo, se percibe una nueva voluntad de caminar juntos inexistente en los últimos veinte años. Esa nueva voluntad se demuestra en los actos de recuerdo y honor a las víctimas programados a lo largo del día de hoy.