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BP avanza poco a poco en el último esfuerzo contra el vertido

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Unos robot submarinos lograban el jueves algunos avances en el nuevo intento de BP para canalizar el petróleo que brota de su pozo averiado en las oscuras y frías profundidades del golfo de México.

Pero la línea costera de la región se veía amenazada por la llegada de restos de alquitrán y otras sustancias del derrame.

Si bien BP avanzaba poco a poco en su nuevo plan para contener el flujo de crudo, el consejero delegado de la empresa Tony Hayward buscaba superar otro traspiés de relaciones públicas, disculpándose por su declaración, ampliamente difundida, de que quería "recuperar su vida".

El derrame de petróleo de BP, que empezó en abril, está causando una catástrofe ecológica y económica a lo largo de la costa estadounidense del golfo de México.

El más reciente intento de BP se trabó el miércoles, cuando una sierra de diamante se atascó en el caño submarino a través del cual brota el petróleo en el Golfo.

Sin embargo, BP liberó la herramienta después de varias horas de difíciles maniobras de sus robots submarinos, allanando el camino para la reanudación del proceso de corte, dijo a Reuters una fuente familiarizada con las labores.

En las operaciones de las bolsas europeas, las acciones de BP subían el 3 por ciento en la mañana.

Los valores del gigante británico de la energía, que se han derrumbado alredeor de un tercio desde que empezó el accidente, se habían estabilizado el miércoles tras los graves declives que sufrieron el martes en Londres y en Wall Street. BP dijo que hablaría el viernes con analistas financieros.

"La gente parece estar aferrándose a algún tipo de optimismo de que las operaciones actuales serán exitosas, (pero) realmente aún es muy pronto", dijo en la firma Arbuthnot Securities el analista Dougie Youngson. "Este procedimiento es muy arriesgado y no ha terminado aún".

Miles de pescadores, camaroneros y otros trabajadores de la industria alimentaria han quedado inactivos durante semanas después de que el Gobierno impuso unas restricciones a la pesca, que se expandieron el miércoles para cubrir el 37 por ciento de las aguas estadounidenses en el golfo.

En la lucha por minimizar el avance del petróleo sobre la línea costera, el gobernador de Luisiana Bobby Jindal obtuvo el miércoles la aprobación de la Casa Blanca para un controvertido plan que esencialmente consiste en crear varias nuevas islas como barrera frente a las costas de su estado, usando arena del lecho marítimo.

Luisiana es el estado norteamericano más afectado hasta ahora por el desastre.

DERRAME TÓXICO

La mancha de crudo, que está fragmentada y es muy extensa, planteaba una creciente amenaza para varias partes de la costa estadounidense en el Golfo.

El derrame tóxico se movía lentamente y llegaba a una distancia de 16 kilómetros de la parte norte de Florida sobre el Golfo, donde las autoridades dijeron que podría tocar tierra el viernes.

Una de las primeras áreas pobladas alcanzadas por los restos de alquitrán del vertido, el reconocido santuario para pájaros de Dauphin Island en Alabama, sufrió esta semana una nueva llegada de petróleo, que también empezó a aparecer en las costas de Misisipi.

La mancha de crudo se produjo después de que el 20 de abril explotó la plataforma de perforación marina Deepwater Horizon, que había sido contratada por BP, un incidente en el que también murieron 11 trabajadores de la instalación.

La última gran esperanza de controlar en alguna medida el peor derrame de crudo en la historia estadounidense se concentraba a una distancia de 1,6 kilómetros debajo de la superficie del Golfo.

Después de un fallido intento de tres días para sellar el pozo con un lodo especial, BP se embarcó el martes por la noche en una nueva estrategia a fin de reducir el flujo de petróleo que ha estado filtrándose al Golfo a un ritmo de hasta 19.000 barriles (3 millones de litros) por día.

El nuevo plan prevé cortar el tubo elevador que tiene la pérdida y que sale del fallido sistema para evitar explosiones, y luego bajar una cúpula de contención sobre el pozo para atrapar la mayor parte del fluido y canalizarlo a la superficie.

Se prevé que la operación dure 72 horas hasta que se complete.