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Brancusi y Serra contrastan el dinamismo de sus esculturas en Bilbao

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El Museo Guggenheim Bilbao expone a partir de mañana un diálogo entre dos de los escultores más importantes del siglo XX, Constantin Brancusi y Richard Serra, unidos por el dinamismo espacial de sus obras y separados por el contraste de sus volúmenes y materiales.

Brancusi (1876-1957), rumano afincado en París desde 1904, redujo las formas escultóricas a su esencia, como precursor de la abstracción. Siete años después de morir Brancusi, un joven Serra (San Francisco, Estados Unidos, 1939) visitó en la capital francesa el taller del maestro rumano, una experiencia que marcó su obra de sinuosas, minimalistas y a la vez grandiosas piezas de acero.

"Serra dice que Brancusi subyace en cómo dibuja el volumen", ha recordado hoy el comisario de la exposición, Oliver Wick, de la Fundación suiza Beyeler.

La muestra es en realidad dos retrospectivas unidas, con unas treinta esculturas de cada autor, que en unas salas ocupan espacios individuales y en otras se yuxtaponen, poniendo de manifiesto sus similitudes y diferencias.

La base estaba ya en Bilbao: la monumental instalación de Serra "La materia del tiempo", ocho piezas de torsiones elípticas y espirales que son las más conocidas del museo y la expresión mas compleja de la obra del escultor estadounidense.

Estas populares "serpientes" de acero por donde corretean los niños expresan una sensación de movimiento, de reposo dinámico en el espacio, la misma que provocan varias diminutas obras de Brancusi, como las cabezas dormidas de niños y musas que se pueden admirar en la segunda planta.

En un pequeño balcón encima de las sinuosas planchas de Serra se han colocado tres variantes de la pieza monolítica "El beso", que representa las cabezas de dos amantes en un ósculo con los brazos entrelazados.

Minúsculos -de apenas medio metro y en piedra-, los amantes contrastan con las siderúrgicas y poderosas planchas de acero de Serra, a las que contemplan desde la altura del balconcillo, pero a la vez expresan las líneas comunes del trabajo de ambos: "la línea del continuo, los cortes radicales de Brancusi, están en los cortes agresivos del espacio de Serra", ha detallado el comisario Wick.

Esta definición de la forma que buscaba Brancusi se puede observar en su serie de aves, cinco pájaros que reflejan la evolución del artista, desde el primero, de 1912, al último, de la década de los treinta, mucho más estilizado, ubicados en Bilbao en una sala de altos techos, como si pudieran salir volando.

Por uno de estos pájaros Brancusi fue procesado por el servicio de aduanas estadounidense, acusado de haber intentado introducir metal de contrabando en el país declarándolo como obra de arte. Ganó el juicio y los 1,5 metros de alto de "Pájaro en el espacio" fueron adquiridos por la coleccionista y mecenas Peggy Guggenheim.

En otra sala contrastan las cabezas dormidas de Brancusi, reclinadas y poéticas, con la negritud de la serie de "pesos alzados" de Serra, austeras obras en tela que se plantean la cuestión de la esencia en la escultura.

No falta en la retrospectiva la en su día polémica "Princesa X", de Brancusi, que fue descrita como una "obscenidad fálica".

La muestra se completa con una serie de Serra de cinturones de caucho vulcanizado y tubos de neón, un nuevo contraste al compartir sala con esculturas de madera de Brancusi como "Francesita" y "Hechicera", de inspiración africana.

La obra de estos dos pioneros de la escultura moderna se podrá contemplar en Bilbao desde mañana hasta el 15 de abril de 2012, y el propio Serra, hoy ausente, visitará la capital vizcaína el día 26 de octubre para contemplar los contrastes y armonías de su obra y la de Brancusi, uno de sus inspiradores.

Roberto Cubero