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Brasil lidera el reclamo de los emergente sobre la reforma del sistema y el control a los mercados

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Brasil, en su condición de presidente del G20, defenderá en Washington una reforma del sistema financiero internacional que dé a los países emergentes mayor participación en los organismos multilaterales y a los gobiernos más control sobre los mercados.

Esas propuestas fueron defendidas por el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, y por su ministro de Hacienda, Guido Mantega, en la reunión del G20 que terminó ayer en Sao Paulo donde las veinte mayores economías del mundo no definieron una propuesta para llevar a la capital estadounidense.

Brasil, que ha criticado a las naciones industrializadas del G7 y a los organismos multilaterales por su incapacidad para prevenir la crisis y la demora en reaccionar a ella, considera que, a diferencia de lo ocurrido hace unos años, los emergentes tienen mucho que enseñar a los desarrollados, y lidera la demanda de una mayor representación internacional.

"Es ampliamente reconocido que el G7 por si solo no tiene ya condiciones de conducir los asuntos económicos del mundo. La contribución de los países emergentes también es esencial", dijo Lula el sábado en la apertura de la reunión.

Bajo esa premisa, Brasil propondrá en Washington "iniciar de inmediato negociaciones para redefinir el sistema financiero internacional", según consta en la propuesta oficial que se presentará el próximo sábado.

La propuesta incluye "acciones de corto plazo" como la adopción de políticas anti-cíclicas para normalizar los canales de crédito y los flujos financieros, y otras de "gobernabilidad", centradas en la reforma de las instituciones financieras internacionales y en la regulación y supervisión de los mercados.

Según el Gobierno, deben ser reformados el G7, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM); fortalecido el G20 y ampliado el Foro de Estabilidad Financiera (FSF, sigla en inglés), del que considera que tiene una "representación selectiva y excluyente".

En relación con el FMI, Brasil quiere que se anticipe la modificación del sistema de cuotas y votos prevista para 2013 y "transparencia" en la elección de sus dirigentes, "sin restricción de candidaturas en función de la nacionalidad".

La misma regla propone para el Banco Mundial, así como una reforma "ambiciosa" que conduzca "al aumento significativo del poder de voto de las economías emergentes y en desarrollo".

Con la reforma aprobada este año, el 57,9% de los votos en el FMI corresponde a países desarrollados y el 42,1% a emergentes.

En el caso del Banco Mundial, las naciones desarrolladas tienen el 58,2% de los votos y el 41,8% está con los países en desarrollo.

Esa "modernización" debe ir de la mano del fortalecimiento institucional del G20, que Brasil considera debe subir de la categoría ministerial a la de jefes de Estado y de Gobierno.

Según el ministro Mantega, en la reunión de Sao Paulo, donde Brasil presentó sus propuesta "hubo un nítido progreso para dar más representación a los países emergentes".

"El G20 sale fortalecido y los emergentes vislumbraron la posibilidad práctica de estar más representados", agregó Mantega.

En cuanto a los mercados financieros, Brasil defiende la creación de un mecanismo de prevención de crisis, la adopción de modelos mundiales de regulación y supervisión, y el combate coordinado y multilateral a los paraísos fiscales.

Igualmente, la adopción de políticas macroeconómicas que permitan el crecimiento sin inflación, transparencia en los balances de las instituciones financieras y responsabilidad en los pagos de salarios de los altos ejecutivos del sector.

Brasil considera que a pesar de que las medidas tomadas por muchos gobiernos en las última semanas han comenzado a surtir efectos positivos y estabilizadores, la crisis financiera todavía pende como una espada de Damocles sobre la economía mundial.