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Brawn, el equipo del Gobierno

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La peor noticia que pueden recibir los rivales de la escudería Brawn después del GP de Australia es que estos tienen preparado un nuevo paquete aerodinámico que les va hacer volar. Aún más.

Para la carrera de Barcelona, cuando la F1 abandone este primer periplo asiático e incursione de lleno en Europa por unos cuantos meses, el equipo de Ross Brawn tiene preparada una serie de mejoras que, si bien estaban en los planos desde hacía un tiempo, no las habían podido construir por la falta de presupuesto inicial que imperaba en el equipo. Esos planos en manos de Ferrari habrían tardado horas en materializarse. Pero la F1 de este 2009 es así.

Ante esto, las demás escuderías no se van a quedar de brazos cruzados, porque si en Australia no pudieron hacer nada para impedir que los flamantes coches de Brawn cruzaran la meta en formación militar, clavando un doblete histórico, si llegan a poner estas mejoras y los demás no reaccionan, la cosa se va a poner muy tensa.

Más bien, podríamos decir que ya está bastante espeso el ambiente de la política de la F1. Hace meses, las escuderías le pidieron más dinero a Ecclestone y este se lo ha negado sistemáticamente. Este dominio abrumador de los dos coches de Brawn en Australia vino a recordar que aún queda mucho camino por recorrer para lograr una estabilidad política en este negocio.

Si la FIA quería impartir una lección y enseñarles a todos cómo se hace una escudería con pocos recursos y ganadora a la vez, no tenía más que mostrarle al mundo el ejemplo de Brawn. Lo mismo con Williams, un legendario nombre relacionado con los artesanos de la F1 que hacían maravillas con un motor comprado a un fabricante, poniéndole un chasis propio.

Y manga ancha con Toyota, que tiene que ganar como sea una carrera, al menos, esta temporada. Con no oponerse a su interpretación del reglamento le hicieron el favor de su vida. Y los coches de esas tres escuderías volaron en la primera carrera del año. 

Esto no va a quedar así, dicen los que caminan por el paddock. Los nombres de peso de la F1 han comenzado la cruzada contra toda esta trama que ha terminado con el dominio apabullante de una escudería que, hasta hace dos meses, no sabía ni siquiera si iba a existir.

Ahora, permitiéndoles correr con esos difusores, les han dejado demostrar que se puede hacer una F1 más económica. La F1 que quiere la FIA y a la que los grandes fabricantes no están dispuestos a aceptarle todas sus pretensiones. Y menos cuando un nombre recién llegado les pega un repaso de órdago.