Publicado:  05.12.2011 13:41 | Actualizado:  05.12.2011 13:41

La brecha entre ricos y pobres alcanza su nivel más alto en 30 años

La diferencia de salarios entre el 10% más alto y el 10% más bajo ha disminuido en España un 20% entre el 1994 y el 2008

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La brecha entre ricos y pobres en los países de la OCDE ha alcanzado su nivel más alto en 30 años y los gobiernos deben actuar con rapidez para combatir la desigualdad, según un nuevo informe de la OCDE. El texto Seguimos divididos: ¿Por qué la desigualdad sigue aumentando concluye que los ingresos medios del 10% más rico es ahora cerca de nueve veces mayor que los del 10% más pobre en toda la OCDE.

La diferencia de salarios entre el 10% más alto y el 10% más bajo ha disminuido en España un 20% entre el 1994 y el 2008. En el mismo período, ésta se ha incrementado prácticamente en todo el resto de los países de la OCDE.

La brecha de ingresos ha aumentado incluso en los países tradicionalmente más equilibrados, como Alemania, Dinamarca y Suecia, del '5 a 1' en la década de 1980 hasta el '6 a 1' de hoy. La brecha es de '10 a 1' en Italia, Japón, Corea y el Reino Unido, y aún mayor, de '14 a 1' en Israel, Turquía y EEUU. En Chile y México, los ingresos de los más ricos siguen siendo más de 25 veces superiores a los de los más pobres, los más altos de toda la OCDE.

La desigualdad de ingresos es mucho mayor en algunas grandes economías emergentes fuera de la zona de la OCDE. '50 a 1' es la diferencia de ingresos en Brasil, que sigue siendo muy superior a la de muchos otros países, aunque ha ido disminuyendo de manera significativa durante la última década.

La desigualdad de los ingresos en los hogares se sitúa en España alrededor del promedio de la OCDE: por debajo de EEUU, Italia, Portugal y Reino Unido, pero por encima de Alemania y Francia. La desigualdad ha disminuido desde mediados de los años 80, contrariamente a lo ocurrido en la mayoría de los países de la OCDE. El ingreso medio del 10% de la población española con mayores ingresos era en 2008 alrededor de 38.000 euros, es decir 11 veces mayor que el del 10% de la población española con menores ingresos, que tenía un ingreso medio de 3.500 euros.

La diferencia de salarios entre el 10% más alto y el 10% más bajo ha disminuido en España un 20% entre el 1994 y el 2008. En el mismo período, ésta se ha incrementado prácticamente en todo el resto de los países de la OCDE.

A este cambio ha contribuido especialmente una tasa superior de empleo femenino. El incremento del número de mujeres trabajadores en España ha generado un total de ganancias más alto en los hogares. En las dos décadas anteriores a la recesión global, la tasa de empleo femenino aumentó un 30%, provocando uno de los aumentos más importantes de la OCDE.

Otro de los motivos es el aumento de las horas trabajadas para los trabajadores con menor remuneración con respecto a los mejor remunerados. Desde mediados de los años noventa, el 20% inferior de los asalariados aumentó el número anual de horas trabajadas (de 1040 a 1180) mientras que el 20% superior de los asalariados disminuyó ligeramente las horas de trabajo (de 2180 a 2170). En la mayor parte de los países de la OCDE sucedió lo contrario: los asalariados con menos ingresos trabajaron menos horas y aquellos con más ingresos trabajaron más.

Una mayor redistribución debida a los servicios inciden sobre este cambio. Los servicios públicos en España contribuyen a disminuir las desigualdades en el ingreso en cerca de un 20%, como en la mayor parte de los países de la OCDE. Este efecto redistributivo, que se ha mantenido en un nivel constante en la mayor parte de los países de la OCDE durante la década de los 2000, ha aumentado en España. En España, las transferencias de la Seguridad Social disminuyen la desigualdad en menor medida que en la media de los países de la OCDE y, además, este impacto ha ido disminuyendo en los últimos años.


Durante la presentación del informe en París, el secretario general de la OCDE Angel Gurría señaló que "el contrato social está empezando a desmoronarse en muchos países". "Este estudio echa por tierra la hipótesis de que los beneficios del crecimiento económico repercute automáticamente sobre los más desfavorecidos. Sin una estrategia integral para el crecimiento, la desigualdad seguirá aumentando", remarca.

Los sistemas fiscales desempeñan un papel importante en la reducción de la desigualdad, pero se han vuelto menos eficaces en la redistribución de los ingresos, desde mediados de la década de 1990. La razón principal se encuentra en el lado de los beneficios. Los niveles de beneficios se redujeron en casi todos los países de la OCDE y no se ha podido mantener el ritmo de crecimiento en los ingresos. Como resultado de esto, el sistema de prestaciones en la mayoría de los países se ha vuelto menos eficaz en la reducción de las desigualdades en los últimos 15 años. Otro factor ha sido un recorte en las tasas impositivas de los ingresos más altos.

"Nuestro informe indica claramente que la mejora de las cualificaciones de la mano de obra es de lejos el instrumento más poderoso para contrarrestar la creciente desigualdad de ingresos. La inversión en capital humano debe comenzar en la infancia y continuar a través de la educación y el trabajo", asegura Gurría.

La OCDE subraya la necesidad de que los gobiernos revisen sus sistemas fiscales para asegurar que los individuos más ricos contribuyen con una cuota justa a la carga fiscal. Esto se puede lograr aumentando las tasas marginales de impuestos a los ricos y también mejorando el cumplimiento de las obligaciones tributarias, eliminando las deducciones fiscales y reevaluando el papel de los impuestos en todas las formas de propiedad.

- El empleo es el medio más prometedor de hacer frente a la desigualdad. El mayor reto consiste en crear más y mejores empleos, que ofrezcan buenas perspectivas profesionales y den a la gente oportunidades reales de superar la pobreza.

- La inversión en capital humano es fundamental. Esa inversión debe comenzar en la primera infancia y mantenerse durante todo el ciclo de la enseñanza obligatoria. Una vez realizada la transición de la escuela al trabajo, deben existir incentivos suficientes para que tanto los empleados como los empresarios inviertan en capacitación a lo largo de la vida laboral.

- La reforma de las políticas fiscales y de las prestaciones sociales es el instrumento más directo para aumentar la redistribución. Las considerables y persistentes pérdidas económicas que sufren los grupos de bajos ingresos a consecuencia de las recesiones ponen de manifiesto la importancia de las transferencias gubernamentales y las políticas bien concebidas de ayuda a los ingresos.

- La fracción cada vez mayor del ingreso que perciben los grupos de rentas más altas indica que estas personas tienen ahora una mayor capacidad tributaria. En este contexto, los gobiernos podrían reexaminar la función redistributiva de los impuestos a fin de velar por que los individuos más acaudalados satisfagan su parte correspondiente de la carga fiscal.

- Es importante garantizar la prestación de servicios públicos gratuitos y de alta calidad, tales como la educación, la salud y la atención a las familias.

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