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Un buen discípulo

J.J. Abrams recuerda la época en que comenzó a hacer películas de Súper 8 en un ejemplo de cine comercial e inteligente en el que no falta el monstruo alienígena

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Buenas noticias. No todo está perdido en Hollywood. La industria del cine continúa más que nunca enganchada al mínimo esfuerzo de las secuelas, pero aún hay gente que siguen pensando. En cierto modo, esa esperanza tiene bastante que ver con la relación entre Steven Spielberg y J.J. Abrams. El emperador ya tiene heredero.

'Super 8 no estaba pensada para que fuera una película de Steven, pero está ambientada en una época influida por completo por las películas de Steven. Todo estaba conectado', cuenta el director a Público.

Abrams, de 45 años, es un niño grande. O un geek desatado tan enganchado a ciertas cosas (todo tipo de cacharros tecnológicos, juegos de ordenador, misterios...) como muchos de sus espectadores. Con un pelo que apunta hacia arriba como el de un científico loco, se presenta ante un grupo de periodistas en Londres para hablar de su película con un resfriado.

‘Super 8’ comienza con el descarrilamiento de un tren que procede de la mítica Área 51

Eso no impide que hable como una ametralladora. En su productora Bad Robot, coordina varios proyectos al mismo tiempo de cine y televisión. Todo sale de su cabeza a velocidad de vértigo.

Super 8 es un ejemplo de algo que a veces parece haber desaparecido. Cine de palomitas que no toma al espectador por idiota. Escenas espectaculares pero concebidas al servicio de una historia real que emociona.

Los protagonistas son un grupo de críos que hacen lo mismo que hacía Jeffrey Jacob Abrams a su edad. Cuando están rodando una película de Súper 8 en la estación de tren, se produce un tremendo accidente. Descarrila un tren con un número infinito de vagones que procede de la inevitable Área 51, allí donde los militares de EEUU escondían a los extraterrestres que habían llegado despistados a la Tierra, mientras en sus ratos libres probaban la tecnología de aviones espía. De más está decir que les pagaban por lo segundo.

Spielberg produce la película del cineasta que más cerca está de repetir su trayectoria

El tren transporta a una criatura misteriosa de tamaño considerable que pronto se convertirá en el protagonista de la trama, pero eso no hace que Abrams pierda la perspectiva sobre lo que de verdad quiere contar, que es, quitando el tren y el monstruo, su historia personal. Él también fue un adicto precoz al cine de Súper 8, como también lo había sido Spielberg, que produce la película.

'Ahora puede parecer más normal, pero entonces era poco habitual que un niño de 13 o 14 años tuviera una cámara. Aun así, si pedías a la gente que participara en tus películas, solía estar bastante dispuesta'. Y luego, claro, estaban las chicas. 'Recuerdo una chica muy guapa en la escuela que me dijo que sí (a salir en la película). Estuve unos días pensando: jo, las películas son geniales'. Como el protagonista de la película, piensas: ¿qué otra situación se puede dar en la vida real que me permita conocer a esta chica?', asume.

Abrams fue un adicto precoz a las películas de Súper 8 pero admite que las suyas eran horribles

Abrams se lo pasaba bomba. Literalmente. Con la misma pasión que tienen todos los críos por la destrucción, el departamento de efectos especiales era el más solicitado. 'Me montaba mis propios artefactos explosivos, con pólvora, fuegos artificiales y petardos, reventaba muñecos... Ahora me pregunto dónde estaban mis padres cuando hacía todas esas cosas'.

El entusiasmo era tan grande como escasos los resultados. Abrams no pretende hacer ver que esas películas de adolescente fueran la semilla de un gran cineasta. 'Recuerdo muy bien que en algún momento pensé que esas películas eran basura y las tiré al contenedor. La calidad de la imagen en el Súper 8 no es tan mala como la gente cree. Es sorprendente lo buenas que son, pero también es sorprendente lo malas que eran las películas que hacíamos'.

La calidad mejoró después y esa incipiante carrera terminó cruzando su destino con el de Spielberg. Junto a su amigo Mat Reeves, participó en un festival de jóvenes cineastas en Los Angeles y un periódico escribió un artículo sobre la pareja. Un asistente de Spielberg lo leyó y les encargó que ordenaran y catalogaran las películas de Súper 8 del genio.

'Me montaba mis propios artefactos explosivos con pólvora y petardos', dice Abrams

Su madre le encontró un día con todas las cintas desparramadas en su habitación, contaba hace unos meses a The New York Times. '¿Qué has hecho?', gritó. '¡Nos va a demandar! ¡Vamos a perder la casa! ¡Vamos a perder el coche!'. Las posesiones de la familia Abrams estaban a salvo. Todo estaba controlado. Hicieron el trabajo, entregaron las películas y recibieron 150 dólares cada uno. No llegaron a conocer a su ídolo.

Abrams niega que la película sea un homenaje al cine de Spielberg. Al igual que Tarantino, él es un espectador muy atento que junta géneros y se inspira en obras pasadas que le han entusiasmado. Canibalismo con clase. Los ingredientes han pasado antes por nuestro plato y se trata de que el resultado sea diferente. En Super 8, hay momentos, escenas y un punto de vista que hemos visto antes en ET, Encuentros en la tercera fase o Stand by Me.

Los jóvenes actores son lo mejor de la película y su historia es lo que sostiene la trama

La apuesta por los tres chicos y la chica es completa. Ella es Elle Fanning, la hermana pequeña de Dakota Fanning otra niña prodigio en La guerra de los mundos a la que hay que imaginar un futuro aún mejor que el de su hermana. En el comienzo de Super 8, sale conduciendo un coche y en la oscuridad parece mayor de lo que es. Ni que decir tiene que el personaje de Joel Courtney queda pasmado ante tanta belleza. Como cuando el joven J.J. se maravillaba de su suerte al convencer a una chica de que se pusiera delante de su cámara.

Una película así se lo juega todo con estos jóvenes actores, que inevitablemente van a interpretarse a sí mismos. La elección resulta ser un éxito y el gran atractivo de la película. Abrams les dejó hacer, les animó a que improvisaran y no se limitaran a repetir un texto memorizado. Los chavales cumplieron con nota. Y además tuvieron la oportunidad de rodar su propio material. Para ver eso, hay que esperar al final de los títulos de crédito.

'Antes del rodaje, sólo había visto (del cine de Spielberg) ET y Encuentros en la tercera fase', explica el joven protagonista, Joel Courtney. 'Después, me vi Los Goonies y Stand by Me, y ahí vi que tenían sentido todas las referencias que me hizo J.J., la relación entre los chicos y cosas así'. A veces no hay que ser crítico de cine para apreciar ciertas cosas.

Al igual que Tarantino, Abrams canibaliza sus películas favoritas, sobre todo si son de Spielberg

'En cada película que he hecho, me he acercado a ella en función de la historia que quería contar', explica Abrams. La historia de amor en Misión Imposible III, cómo reconcilias el hecho de ser un marido y un espía. En Star Trek, la idea de una familia, admitir el hecho de ser diferentes y al mismo tiempo permanecer unidos. En esta película, la visión íntima de un grupo de chicos, su inocencia y sus problemas'.

La criatura no está a la altura de grandes monstruos de la historia del cine. Como se vio en Cloverfield, producida por Abrams, esa es una asignatura que no tiene muy controlada. 'Quería que fuera tan misteriosa y horrible como fuera posible, pero también que no fuera una bestia estúpida. Debía tener un plan inteligente. No podía ser simplemente un monstruo'.

El director administra con cuidado al bicho, que no aparece en los primeros 20 minutos

Al igual que en Alien y Tiburón, no se puede negar que el director administra con cuidado al bicho. De entrada, no se le ve en los primeros 20 minutos, y luego son pequeños detalles o una imagen fugaz lo que va surgiendo. Abrams no quiere que la criatura devore la historia de sus protagonistas.

La mezcla de una historia espectacular con una trama basada en personajes de carne y hueso no termina de funcionar del todo. Los personajes de los adultos son secundarios, pero no les habría venido nada mal que les hubieran escrito diálogos con más peso.

'No quería que el monstruo fuera una bestia estúpida', asume el director

No cabe duda de que Abrams merece ser incluido en la categoría de cine comercial inteligente cada día desgraciadamente con un menor número de efectivos, cine de palomitas, perfecto para el verano, y también con corazón.

En la entrada de Bad Robot, no aparece el nombre de la productora, sino otro más anodino (National Typewriter Co.). Hay que confiar en que el gusto de Abrams por el secreto signifique que está preparando algo grande. Si no fuera tan hiperactivo y no estuviera metido en tantos proyectos...