Publicado: 06.08.2011 08:00 |Actualizado: 06.08.2011 08:00

¿Es bueno tomar café cada día? ¿Hay un límite recomendado?

 

 

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Probablemente, cuando usted lea esto ya se habrá tomado el café de la mañana y usted forme parte de ese casi 80% de la población que bebe café a diario. En España se consumen cada año unas 600 tazas de café por habitante, lo que no es mucho si se compara con los países escandinavos, aunque es similar al que se consume en Italia. El café como bebida suele identificarse con una mejora del estado de alerta, mayor atención, concentración y reducción de la sensación de somnolencia, así como con un poderoso aroma. Estos efectos sobre el rendimiento cognitivo han sido descritos por múltiples estudios científicos, pero además los podemos comprobar por nosotros mismos.

Los efectos estimulantes del café están asociados a la presencia de la cafeína, pero no es su único componente. Una taza de café contiene más de 1.500 compuestos químicos, muchos de los cuales, como la cafeína, desencadenan algún tipo de respuesta fisiológica en organismos vivos. Además, el café es rico en potasio, magnesio, manganeso y cromo; contiene lignanos, polisacáridos prebióticos, vitaminas y tocoferoles. Los efectos fisiológicos de la cafeína han sido los más estudiados, ya que está presente en niveles de 45 miligramos por taza de café, que es bastante. Los efectos son apreciables tras 10 o 20 minutos, aunque no se acumula en el organismo, ya que se elimina en la orina entre 3 y 9 horas después de consumirse.

Las virtudes de un consumo moderado de café, unas dos o tres tazas al día, son muy diversas

¿Podemos considerar entonces el café como una bebida funcional? Las dos kilocalorías que aporta una taza de café hacen que no pueda considerarse un alimento en sí mismo, por lo que no encajaría como alimento que aporta un valor nutritivo y que cubre una serie de nutrientes necesarios para el desarrollo. Por otra parte, sí cumpliría el requisito de estar compuesto por constituyentes biológicamente activos que inciden de manera directa en la mejora de la calidad de vida, mejora física y desarrollo de capacidades del consumidor. ¿Cómo demostrar esto último? Ahí está el quid de la cuestión.

Las virtudes de un consumo moderado de café, unas dos o tres tazas al día, son muy diversas. Está asociado al retraso en la aparición de enfermedades prevalentes en nuestra sociedad, como la diabetes tipo 2, enfermedades neurodegenerativas como el párkinson o el alzhéimer, y a la disminución de determinados cánceres como el hepático y el colorrectal. Está ampliamente descrito y constatado que el consumo continuado de café está directamente vinculado a la reducción del riesgo de diabetes tipo 2 en población adulta. Además, reduce la obesidad, que es un factor de riesgo. Sin embargo, el mecanismo de acción no está directamente vinculado a la cafeína, ya que con los cafés descafeinados se observan efectos similares.

Se asocia, incluso el descafeinado, con un menor riesgo de diabetes, obesidad y ciertos cánceres

Además, y esto puede que sorprenda a más de uno, el café es una de las principales fuentes de ingesta diaria de antioxidantes, por el aporte de los ácidos clorogénicos (150 miligramos por taza), así como de fibra soluble. Ambas cualidades, unidas a su lento tránsito intestinal, pueden explicar los efectos positivos en la mejora del cáncer colorrectal. Por otra parte es eficaz contra el Helicobacter pylori, principal responsable del desarrollo de las úlceras, y previene la aparición de caries, al inhibir el Streptococcus mutans.

No todo son ventajas. El consumo abusivo está contraindicado en situaciones de ansiedad, epilepsia, gastritis e hipertensión. Tomar demasiado café puede acentuar los efectos diuréticos de la cafeína, así como llevar a estados de agitación, insomnio, taquicardia y trastornos digestivos, aunque el efecto cambia según la persona. El sector cafetero está avanzando hacia la elaboración de cafés diseñados a la carta en función de las expectativas y requerimientos del consumidor. Hoy en día disponemos de productos descafeinados, de los llamados cafés "amables con nuestro estómago" que reducen la secreción de ácido, o mezclas con café verde para aumentar el potencial antioxidante de la bebida. Se abre un gran abanico de posibilidades.