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Buenos ladrones, malos policías

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El floreciente planeta de la corrupción está lleno de chapuzas que parecen conspiraciones y de conspiraciones que parecen chapuzas. El caso de los falsos prejubilados financiados por la Junta no es ni una cosa ni otra. Es más bien una combinación de ambas. El saqueo ha sido un trabajo fino de ingeniería administrativa urdido por tipos que conocían bien la tramitación de los ERE y los puntos ciegos de esa tramitación en los cuales se podía operar impunemente. Un trabajo profesional: limpio, discreto, dejando huellas, sí, pero dispersas y enterradas bajo miles de folios de prosa laboral cogiendo polvo en olvidados archivos. Esta vez, la deficiencia no estuvo en los ladrones, sino en los policías: en los controles escandalosamente deficientes de una consejería cuyos responsables, José Antonio Viera y Antonio Fernández, no hicieron bien su trabajo. Su pecado no ha sido la conspiración, sino la indolencia. Ayer, el Gobierno andaluz tomó al fin la delantera en un asunto en el que siempre ha ido por detrás de las filtraciones suministradas por el PP. La consejera Mar Moreno dio explicaciones periodísticamente suculentas, pero políticamente dolorosas. Fueron, en todo caso, buenas explicaciones. Ahora tienen que darlas Viera y Fernández.