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Buñol se impregna de tomate en una intensa batalla con 40.000 participantes

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La localidad valenciana de Buñol se ha impregnado hoy de tomate durante la fiesta de la Tomatina, una batalla en la que más de 40.000 personas se han lanzado 113 toneladas de esta hortaliza para rememorar lo que comenzó hace 63 años como una mera diversión entre amigos.

La guerra a tomatazos es en la actualidad una multitudinaria fiesta a la que este año han acudido turistas de toda España y de Australia, Suecia, Dinamarca, Francia, Gran Bretaña, Japón o Rusia, entre otros países.

A las once en punto de la mañana se ha escuchado el artefacto pirotécnico que daba comienzo a la Tomatina 2008, en la que durante una hora ha permitido a la multitud de gente concentrada a lo largo de la calle del Cid y la plaza del pueblo adueñarse de los tomates que iban llegando en seis camiones y lanzarlos a su antojo.

Los seis camiones, en los que viajaban varios voluntarios del pueblo, han distribuido los 115.000 kilogramos de tomates enviados por la cooperativa de Xilxes (Castellón) por encargo del Ayuntamiento.

Aunque el consistorio solo encarga 100.000 kilos, la cooperativa incluye también el excedente de este tomate, de la variedad pera, por lo que, en algunas ocasiones, como este año, se necesita un camión más (seis) para transportar y repartir las hortalizas.

Algunos de los participantes en esta guerra a tomatazos combatían únicamente contra las personas más cercanas y conocidas, y otros se atrevían a dirigir estos proyectiles a los balcones de las viviendas colindantes donde, durante toda la batalla, se han concentrado vecinos curiosos, periodistas y fotógrafos de todo el mundo.

Gafas de bucear para proteger los ojos del ácido del tomate, gorros de baño -algunos con forma y color de tomate-, cáscaras de sandía a modo de sombrero, pelucas, monos de limpieza, pistolas de agua o raquetas para desviar los trozos de tomate han sido algunos de los artículos más vistos entre los participantes de esta tradicional batalla veraniega.

Tras el estallido de un segundo artefacto pirotécnico, disparado a las doce del mediodía para poner fin a la Tomatina, los asistentes comenzaron a dirigirse al río para intentar paliar con el agua los efectos del tomate en sus cuerpos, pelo y ropa.

Mientras, otro río de color rojo recorría el pueblo, el provocado por las mangueras de unos servicios municipales de limpieza dedicados en pleno a borrar de fachadas y calles las huellas de los tomates.

Según informa Protección Civil, durante la Tomatina un ciudadano japonés ha sufrido un golpe fuerte en la cabeza cuando estaba siendo manteado por otros participantes, por lo que ha sido trasladado hasta el hospital La Fe de Valencia.

Este ha sido el incidente más destacado durante una fiesta en la que se quintuplica la población de este municipio del interior de la provincia de Valencia.

El alcalde de Buñol, Fernando Giraldós, ha asegurado que el ayuntamiento tiene el reto de mejorar los accesos a la población con motivo de la Tomatina, ya que cada año quiere acudir más gente a la fiesta.