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"Buried (Enterrado)": un móvil, un ataúd y Ryan Reynolds, el nuevo film de Rodrigo Cortés

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Triunfó en Sundance y en Toronto y llega al Festival de San Sebastián días antes de su estreno mundial con más de 8.000 copias: "Buried (Enterrado)", la nueva cinta de Rodrigo Cortés, es cine comercial nacido para reventar taquillas, pero sólo tiene tres elementos: un ataúd, un móvil y Ryan Reynolds.

"Yo siempre percibí la película como algo grande. El tamaño de las historias no se mide en centímetros cúbicos", resumió Cortés en la rueda de prensa posterior al primer pase de la película, exhibida en la sección Zabaltegi Perlas.

Y su percepción, pese a los 17 días de apretado rodaje, resultó cierta. El realizador de "Concursante" consigue una factura técnica de producción hollywoodiense pero es la primera película cien por cien española que tiene un estreno con tantas copias en todo el mundo.

A Estados Unidos llegará el 24 de septiembre y a España el 1 de octubre y en su virtud está haber dado la vuelta a lo imposible. "Me sentía atraído por el proyecto porque era una insensatez absoluta", reconoció Cortés, quien cree que el fenómeno "bola de nieve" del filme demuestra que "nadie sabe nada".

Tomando como maestro a Hitchcock, por supuesto -"ya que te fijas en alguien, que sea el mejor"- y sus experimentos formales de reducción de espacio en "Náufragos" y de explotación del plano secuencia en "La soga", Cortés, en cambio, quiso encerrar en un ataúd una historia de la magnitud de "Con la muerte en los talones".

"Quisimos dinamitar esas paredes a sólo tres centímetros del protagonista. Rodar el filme como si fuera Nueva York o la selva tropical. Queríamos que fuera Indiana Jones dentro de una caja", explicó este director, que ha rodado un guión de Chris Sparling.

Y así, a lo largo de 90 minutos no hay trucos de evasión, pero el filme se convierte en paradójicamente trepidante: no hay flashbacks, no hay secuencias oníricas. Sólo las seis paredes del ataúd: una arriba, otra abajo y los cuatro costados, y la puerta exterior en forma de teléfono móvil. Ni más ni menos.

Dentro del sarcófago, emparedado y debatiéndose entre la desesperación y el instinto de supervivencia, un Ryan Reynolds que va poco a poco desvelando qué hace ahí y agotando sus posibilidades de salir con vida.

"Es un actor sensacional, con una capacidad de desarrollar emociones con elementos muy pequeños y con un sentido del ritmo absoluto", dijo del protagonista de "La proposición" y marido de Scarlett Johansson.

Y para él, como para el director, los escasos ingredientes de este filme, lejos de simplificar la tarea del director, convierten el suspense, la planificación y el trabajo de iluminación en una auténtica filigrana técnica.

"Las condiciones de rodaje fueros agónicas y extremas. Ha sido un rodaje físicamente enormemente duro", aseguró. Pero eso contagia a su cine la sensación de experiencia más que de visionado. "Queríamos hacer una película rugosa y tangible. Una película para ser experimentada, no para ser vista".

En la angustia narrativa se van filtrando, además, arenillas de crónica política y social: la de un camionero en Iraq que paga los platos rotos de la política exterior estadounidense. Y el desamparo será doble.

"En términos hitchcockianos, Iraq sería el 'mcguffin'. Pero a mí me interesaba la identificación con el espectador por otro lado, por el de la impotencia de la incomunicación. Todos hemos tratado de cambiar de compañía telefónica y hemos estado 40 minutos apretando 1 y apretando 2", concluyó Cortés.