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Burman, un novato en Donostia con un curriculum impresionante

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La complejidad de las relaciones familiares y afectivas vuelve a ser el eje alrededor del cual gira la última película del director argentino Daniel Burman, "El nido vacío", única latinoamericana a concurso en la 56 edición del Festival de Cine de San Sebastián.

La cinta, presentada el viernes en la Sección Oficial de la muestra, se centra en la crisis de la pareja que forman un dramaturgo introvertido (Óscar Martínez), que no asume la ausencia de los hijos, y su mujer (Cecilia Roth), que a diferencia del marido parece querer recuperar el tiempo perdido tras sacrificar años en casa.

Burman, de 35 años, que habitualmente ha tocado en sus trabajos temas que afectan a su generación, reflexiona en esta ocasión sobre la "extraña y compleja relación de inversión de amor" que existe entre padres e hijos.

"Cuando uno invierte en algo, después vuelve (...) estamos muy mal acostumbrados a eso", dijo Burman en rueda de prensa en el Kursaal.

"En cambio, con el amor a los hijos es diferente (...), hay una frase talmúdica que dice que el amor que uno da a los hijos va a los hijos de los hijos, y es horrible, pero algo de eso hay", añadió el director, cuyo último premio fue en el Festival del Mar del Plata con "Derecho de familia" (2006).

El realizador de "Todas las azafatas van al cielo" (2002), Gran Premio del Jurado en Los Ángeles, retrata también la estructura casi administrativa que surge en una familia, y en la que, en el momento en que los hijos se van, la pareja queda atrapada.

"El nido vacío", producción hispano-franco-argentina, mezcla ensueño y realidad, cuando el protagonista se abstrae del mundo que le rodea con situaciones que luego no sabe si han sido vividas o no, y que enfatizan la crisis que vive el personaje.

"Todo el tiempo nos acercamos a lugares más o menos cercanos para hacer la vida más agradable (...) El problema surge cuando, de tanto corrernos a ese lugar, empieza a formar parte de nuestra vida", señaló.

Burman, también guionista de la película, incluyó en ella dos números musicales con los que pretendió quitar hierro al relato, pese a reconocer que odia el género musical y le da "vergüenza ajena".

El cineasta argentino, que con "El abrazo roto" (2004) ganó dos Osos de Oro en Berlín, ha sido el penúltimo autor en proyectar su obra a concurso en San Sebastián, en la última jornada del festival antes de que mañana se fallen los premios.

/Por Inmaculada Sanz/