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Buscadores de comida

Los que sufren la crisis. Los apuros económicos han hecho que más gente recicle lo que se desperdicia

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María aguarda a las puertas de un supermercado en un céntrico barrio de Madrid. Son las diez y media de la noche de un lunes. A su lado, dos de sus hijas y su cuñada. 'Hoy están tardando un poco', dice. Rondando cerca de las puertas del súper esperan otras diez personas. A los cinco minutos, el guarda de seguridad de la tienda y una empleada sacan varios contenedores de basura. Los que antes esperaban se abalanzan ahora sobre los cubos. Dentro: bolsas con enormes cantidades de comida, mucha en buen estado y sin caducar.

Son buscadores de comida. Ya no se trata sólo de indigentes sin techo, sino que cada vez abundan más personas que se han quedado en paro o que viven una situación económica difícil. La crisis los ha sacado a la calle: aprovechan los alimentos que supermercados y tiendas tiran a la basura cada día.

Es el caso de María: limpia dos colegios, su marido trabajaba en la construcción y hace tres meses que se le acabó la prestación por desempleo. Fue entonces cuando dejaron de pagar la mensualidad de más de mil euros de su hipoteca y cuando mantener a seis hijos se hizo casi imposible. María comenzó a buscar comida entre lo que tiraban los supermercados: 'Antes no era así, íbamos a comprar y nos arreglábamos, pero tuve que empezar a venir para que pudiéramos comer todos, aunque al principio me daba mucha verguenza'.

No es la única que se averguenza. Buscar en la basura está aún mal visto: la mayoría de los que esperan no quieren hablar con extraños ni contar su historia, y mucho menos salir en fotos. 'No, yo estoy esperando a mi tía', dice una mujer mientras se aleja del supermercado. Pero cuando salen los cubos, busca como los demás.

 Dentro de los contenedores: decenas de pizzas, litros de leche, yogures,verduras, comida preparada...

Muchos de los que acuden a los contenedores de basura ya se conocen. Frecuentan los mismos supermercados y acuden sólo una o dos veces por semana. Lo hacen para 'compartir'. 'Aquí hay pizzas, por si queréis', avisa Pablo mientras señala un contenedor con al menos cincuenta pizzas a las que les quedan dos días para caducar. 'Vienes un día y coges lo que te viene bien, pero dejas que otros que también lo necesitan vengan y cojan', dice Carmen, viuda. Pero no todos son tan generosos, a veces hay empujones, tensiones e incluso peleas. Para Carmen, recoger la comida de la basura es la manera de salir adelante y de ayudar a sus conocidos: 'Reparto entre familiares y vecinos que lo están pasando mal'.

María y sus hijas bucean hasta el fondo de los contenedores y llenan varias cajas con lo que encuentran. Hoy se llevan muchos yogures, verduras embaladas y hasta un champú que costaría más de tres euros en cualquier tienda y que no parece tener desperfecto alguno.

Otros, pocos, buscan en los contenedores por convicción o, al menos, porque se niegan a que se desperdicie tanta comida aprovechable. Son los llamados freegans: un movimiento que nació en Estados Unidos en los años noventa como respuesta al consumismo imperante y que propone reciclar la comida que restaurantes, supermercados y hoteles desperdician cada día. Ricardo podría ser uno de ellos. Es funcionario y tiene su puesto de trabajo asegurado, pero lleva ya un par de años acercándose por los contenedores de unos conocidos grandes almacenes una o dos noches a la semana. 'Veía por aquí a mucha gente esperando y que en las bolsas de basura había productos de buena calidad así que un día vine yo también', cuenta. Cuando se marcha, su carrito de la compra está lleno: embutido envasado, zumos naturales, yogures y hasta tartas de langostinos. 'Encuentras productos de buena calidad que dentro te venden caros, ¿por qué voy a pagar quince euros por algo que aquí encuentro gratis, en el mismo estado y que encima han tirado?', dice Ricardo.

El boca a boca funciona entre los que buscan comida, también Internet: saben los mejores lugares, días y horas para ir. 'Los lunes son buenos días porque sacan mucho después de todo el fin de semana', cuentan. Ya hay blogs y páginas web en las que freegans y no freegans comparten lo que saben sobre los puntos donde se tira comida. Piden, incluso, la colaboración de las personas que trabajan en los establecimientos para crear un directorio que recoja los lugares donde se puede ir a por comida, la hora a la que sacan los contenedores, cuánta gente acude e incluso el grado de amabilidad y comprensión de los empleados. No es de extrañar: algunos supermercados sacan los contenedores a la hora precisa en la que pasa el camión de la basura, los rocían con lejía o los mezclan con productos de limpieza para evitar que la gente rebusque y reparta la basura.

Y es que los cubos suelen tumbarse en el suelo para esparcir su contenido y facilitar la búsqueda. 'Eh tú, no te vayas sin recoger, que hay que dejar esto limpio', exclama Carmen. Al acabar, la mayoría de los que han buscado comida ayudan a recoger los contenedores y desperdicios que han quedado en la acera. Si alguien se desentiende le llaman la atención, nadie quiere que los supermercados dejen de sacar su basura.

De los contenedores de unos grandes almacenes salen litros de leche, bollería del día, salmón ahumado envasado, queso brie, verduras listas para cocinar... 'A por lo que más viene la gente aquí es a por los pollos asados. Cada día tiran los que no han vendido, muchas veces diez o quince, están envasados y aún calientes', dicen. Abunda también la comida casera que ha sobrado: ensaladilla, patatas con alioli, arroz o pasta, todo metido en recipientes de comida preparada.

La crisis ha llevado a Carlos a una situación complicada. Ha trabajado en el sector de la informática, como escolta y como guarda jurado. En su último empleo le ofrecieron una reducción de jornada y salario que no aceptó porque no le daba para vivir. Se marchó con la convicción de que encontraría trabajo pronto pero la economía empeoró y desde entonces vive de sus ahorros. 'Mira toda la cantidad de comida que se tira, con toda la gente que pasa hambre', señala.

La multa de 750 euros por rebuscar en la basura que contempla la Nueva Ordenanza de Limpieza y Gestión de residuos del Ayuntamiento de Madrid no ha impedido que aumente la cantidad de gente que acude a los contenedores. La necesidad aprieta: '¿Qué quieren que hagamos? No hay trabajo, los alquileres son altísimos, hay que buscarse la vida, ¿nos van a multar por eso?', exclama Carlos. También María protesta, y Carmen, y Ricardo, y todos los que están alrededor de los contenedores, que se indignan ante lo que toman como una falta de consideración con las personas que necesitan esa comida para salir adelante. 'Si no tengo dinero para comprar, ¿cómo voy a pagar 750 euros? Ahora me da más miedo, pero seguiré viniendo, es comida que nadie ha comprado y que yo necesito'.

La Nueva Ordenanza de Limpieza y Gestión de residuos del Ayuntamiento de Madrid aprobada en febrero contempla multas de 750 euros para las personas que rebusquen en la basura. Exactamente, entre las actuaciones prohibidas 'por su especial repercusión en el ornato e higiene de la ciudad' y que suponen infracciones leves aparece 'manipular, rebuscar o extraer residuos depositados en las papeleras o recipientes instalados en la vía pública'. Los grupos municipales de IU y PSOE tacharon la Ordenanza de taxativa, recaudatoria e insolidaria. 'Parece que la concejala Ana Botella no sepa que la mayoría de la gente que rebusca en la basura no lo hace por gusto. Van a multar a los más necesitados, agravando aún más su situación', aseguró en su momento Raquel López, de IU. Botella replicó: 'Yo me niego a vivir en una sociedad en la que tenga que aceptar que hay personas que van a rebuscar en la basura para comer'. Lo cierto es que cada día se desperdician kilos y kilos de comida y que cada vez hay más gente que la necesita.