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De la cadena de montaje a los estantes de la librería

David Monteagudo, obrero de 40 años, publica la novela 'Fin'

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Si Haruki Murakami tuvo la revelación de que lo suyo era dedicarse a la escritura mientras miraba un partido de béisbol cuando la treintena le acechaba, David Monteagudo (Viveiro, Lugo, 1962) lo decidió el día que cumplió 40 años. Tras varios intentos estériles con distintas editoriales, siete años después de empezar a escribir, Monteagudo acaba de publicar en El Acantilado Fin. Aunque esa no es la primera novela que ha escrito. Cuenta que en su casa tiene varios manuscritos preparados para vestirse de libro.

Este hombre combina su pasión literaria con el turno de ocho horas en una fábrica, donde se dedica a construir embalajes de cartón. Se imaginaba jubilándose en la fábrica, y aunque con la publicación de su primer libro se asoman otras posibilidades, es reacio a jugar al cuento de la lechera.

'Es como los que están en la cárcel: cuando salen les cuesta adaptarse. Escribir tiene que ser un placer y la rutina de la fábrica es buena para mí. Claro que me gustaría que mi hijo no tuviera que quedarse en el comedor, pero me da miedo dejar la fábrica, es una esclavitud, pero también un remanso de paz', explica Monteagudo. Y añade que 'siempre he buscado trabajos con poca responsabilidad, pero que me den libertad. Aunque tienes que currar ocho horas seguidas, esos trabajos me proporcionan independencia mental'.

Lo que cuenta David Monteagudo en Fin, a través de un narrador frío y desinteresado, es la historia de unos amigos que ya no tienen nada en común. El grupo se reúne tras 20 años y las impresiones de cada uno de ellos, articuladas en capítulos que alternan de protagonista, es lo que le da pie al autor para lanzar su visión del mundo en forma de novela. Una visión nihilista y pesimista de los vínculos sociales.

'En esta novela estoy repartido entre muchos de los personajes. Cuando escribes sacas cosas de tu experiencia, para que tenga realidad, esa palabra que Nabokov decía que sólo toma sentido si se escribe entre comillas. Con estos personajes comparto muchos temas generacionales y un cierto desencanto de cuando se pertenece a un grupo', explica un hombre que tiene un poco de anacoreta y mucha disciplina férrea.

'No tengo vida social, no tengo televisión, no me he conectado nunca a Internet. Con mi mujer no salimos mucho y ahora con el niño... Me levanto a las cinco para ir a la fábrica. Me echo una siesta... Pero tengo mucha energía, no puedo estar en casa tranquilamente, y el poco tiempo libre que tengo lo dedico a escribir. Cada día, dos horas', aclara este devorador de clásicos que siente pasión por Tolstoi, Gógol, Dostoievski, Turgueniev, Pasternac, Flaubert, Maupassant, Melville, Edgar Allan Poe, Cortázar o Borges .

David Monteagudo habla de su libro y de literatura con ganas. Todavía no está cansado de los periodistas, ni se ha viciado de las respuestas automáticas de muchos escritores. Se considera afortunado por haber recibido el visto bueno de Jaume Vallcorba (El Acantilado), que le ha abierto la puerta al mundo editorial. De todo el material de Monteagudo, Vallcorba decidió empezar por Fin. 'Las próximas novelas serán más narrativas y descriptivas, con menos diálogo', avanza el escritor.

Cumplido el sueño de publicar, David Monteagudo ahora desea que las críticas sean buenas. 'Ahora lo que me falta es encontrarme con alguien que lo lea. Creo que el público será variado, desde los que se quedan con Stephen King a lectores más exigentes', lanza el escritor.