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El Cairo busca incrementar el interés por la lectura en los taxis

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La última propuesta en las caóticas calles de El Cairo es "el taxi del conocimiento", que ofrece literatura para hacer más llevaderos el ruido y los atascos diarios, y promover la lectura en un país con 17 millones de analfabetos.

"Abrir una librería ayuda a divulgar la importancia de la lectura, pero sabemos que muchos egipcios no la visitarán jamás porque para ellos no es natural leer ni adquirir libros", cuenta a Efe Ismail Elnagar, uno de los responsables de la librería Alef, promotora de la iniciativa.

Según Elnagar, la principal razón que aleja a los egipcios de las páginas de una novela es la falta de tiempo, "pues son muchos los que pasan en un taxi hasta dos horas diarias para llegar al trabajo".

Y cuando lo tienen, el libro más leído es el Corán, a cuya lectura se entregan los egipcios en el metro o en el taxi para aliviarse de la pesadilla diaria de los atascos en las concurridas calles de El Cairo, que cuenta con unos 20 millones de habitantes.

"La única manera de promover la lectura es que los libros traspasen los muros de una librería", sentencia Elnagar, quien asegura que fue esa convicción la que hizo posible "la idea de colocar entre cinco y diez libros en el interior de un taxi".

De momento, cincuenta vehículos hacen carrera ya por la capital egipcia con una pequeña biblioteca situada en la parte trasera del sillón del conductor, pero los responsables del proyecto confían en lograr que el año próximo 2.000 taxis dispongan de un servicio que quieren exportar también a otras ciudades del país.

"Los egipcios tienen ahora la posibilidad de leer en un ambiente agradable y climatizado para evadirse así del ruido de las calles y concentrarse en el libro hasta alcanzar su destino", agrega.

Uno de los primeros taxistas en sumarse a la iniciativa es Abdel Ghany, un hombre de 58 años que se reconoce "amante y defensor de la utilidad de la lectura" y que da caladas a un cigarro mientras conduce por calles dominadas por transeúntes imprudentes y el estruendo de decenas de bocinas.

En su automóvil, los primeros ejemplares de esta librería ambulante son "Capitán Egipto" y "Asfaltar Egipto", dos volúmenes en árabe del periodista local Omar Taher, que recurre a la sátira para denunciar la política nacional y retratar el anhelo de libertad de las generaciones jóvenes.

"El invento le gusta mucho a la clase culta, que pregunta a menudo por la dirección de la librería", señala Ghany, mientras muestra con orgullo los libros, cuyas cubiertas aparecen deterioradas después de un mes al alcance de los clientes.

A juicio del taxista, la iniciativa es ya "un éxito" que le ha llevado a solicitar cuentos infantiles para las familias que suben a su coche, además de guías y mapas en inglés para los turistas.

No obstante, Elnagar admite que encontrar participantes como Abdel Ghany entre los más de 50.000 taxis que recorren a diario El Cairo no ha sido fácil.

"Lo primero que hizo uno de los taxistas al que le contamos el proyecto fue bajarnos del coche", bromea Elnagar, quien subraya que muchos de los conductores, abocados al pluriempleo por los bajos salarios, tienen estudios universitarios y están interesados en promocionar la lectura entre sus usuarios.

El objetivo último del proyecto, agrega, es ayudar a reducir la tasa de analfabetismo, ya que solo el 58 por ciento de los egipcios adultos sabe leer y escribir, según datos estatales.

"Los resultados están siendo increíbles. Los taxistas están contentos y sienten que están dando un servicio muy útil a la comunidad", relata Elnagar.

El librero asegura que no tienen ningún interés en que los taxis se conviertan en puntos de venta de libros porque "el objetivo no es económico y para aumentar la afición por la lectura lo ideal es que los ejemplares permanezcan siempre en los vehículos".

Entretanto, el taxista está convencido de que ofrecer literatura a bordo de su coche tiene futuro en las calles cairotas: "La gente está leyendo. Y eso es lo que perseguíamos".

Francisco Carrión