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Caja Madrid dice que el SIP con Bancaja no saldrá a Bolsa ni venderá empresas

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Caja Madrid aseguró hoy que el nuevo grupo financiero, fruto de su alianza con Bancaja y otras cinco cajas menores, no necesitará inyecciones de capital, por ello ni saldrá a Bolsa, ni emitirá cuotas participativas -valores similares a las acciones- ni venderá participaciones empresariales.

Así lo explicó una fuente de la entidad madrileña en la presentación de los resultados de la caja correspondientes al primer semestre, cuando ganó 194,73 millones de euros, un 66,2% menos tras destinar 845 millones de euros a provisiones.

"A corto plazo", matizó, no es previsible que ninguna de esas tres opciones -salir a Bolsa, emitir cuotas o vender participaciones- se vayan a dar, ya que recordó, la integración de las siete cajas bajo un Sistema Institucional de Protección, en lo que se denomina una "fusión fría", recibirá una ayuda pública de 4.465 millones.

Caja Madrid tiene desde hace dos años, cuando aún estaba presidida aún por Miguel Blesa, el proyecto de sacar a Bolsa la corporación financiera Cibeles, que ha ido posponiendo por la situación de los mercados y que "de momento" no prevé retomar.

Sin embargo, ahora la caja está inmersa en los planes para integrar sus políticas de riesgo y solvencia con la de las otras seis cajas en un nuevo grupo, que cumplirá "sobradamente con los requerimientos de capital".

Por eso, desde Caja Madrid remarcan que "ni venderemos participadas ni acudiremos a los mercados privados".

Según las pruebas de solvencia a la banca publicadas recientemente la gran alianza de las siete cajas mantendrían una proporción de recursos propios de máxima calidad respecto a los activos ponderados por riesgo (Tier 1) del 6,3% en una hipótesis económica extremadamente adversa.

Es decir, ligeramente por encima del 6% establecido para considerar que una entidad no necesita recursos adicionales.

Pero en Caja Madrid señalaron la baja probabilidad de que se cumpla ese escenario en el que la economía retrocedería el 2,6% en el acumulado de 2010 y 2011 y en el que se incluye una crisis de deuda soberana, similar a la que sufrió Grecia.

Eso, a pesar de que la entidad que preside Rodrigo Rato opta por seguir siendo prudente en la gestión de su negocio, ya que piensa que "ni este año ni el que viene habrá una mejora sustancial de la economía (...) ni una mejora en el empleo", suficientes para que repercuta en el negocio financiero con una mayor actividad.