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Las cajas vivirán otro terremoto el próximo año

Los bancos podrán entrar en estas entidades, que romperán con su modelo tradicional

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La reestructuración que las cajas de ahorros han llevado a cabo este año no ha puesto punto final a los cambios en el sector. Al contrario, son sólo el inicio de un nuevo terrremoto que se producirá en el ejercicio que está a punto de empezar. Ahora llega el turno de la segunda vuelta, de la constatación de que algunas fusiones (como la de las gallegas o las catellanoleonesas, aseguran los expertos de varias auditoras) tienen que complementarse con otras. Pero sobre todo llega el turno de la conversión de las cajas en bancos y de su mezcla con los bancos de toda la vida.

La Caixa, que habitualmente es el ejemplo a seguir, aprobará probablemente en las próximas semanas el traspaso de todo su negocio a un banco y la creación de una fundación, que será la propietaria del banco, para gestionar la obra social. Los expertos aseguran que ese será el primer paso para que acometa posteriormente la absorción o la compra de algún banco para incrementar su capital y, de paso, para recuperar el liderazgo del sector. Ya ha hecho varios intentos de acercarse al Sabadell, pero no llegaron a un acuerdo sobre cómo repartir los puestos directivos. Ahora, podría ser el turno del Popular, aseguran en el sector.

Durante el ejercicio, es previsible que haya fusiones entre bancos y cajas

El nuevo año será también el de la entrada de los bancos en las cajas. Hasta ahora estaban al margen de la reestructuración de las cajas, pero ahora que buena parte de ellas van a tener acciones, creen que ha llegado el momento de entrar en su capital, sobre todo, porque muchas de ellas pondrán una parte a la venta para incrementar su solvencia.

2011 será, además, el año en el que las cajas salgan a cotizar a bolsa, algo que en el sector rechazaban rotundamente antes de que empezara la crisis, porque suponía su privatización.

Los bancos no descartan comprar acciones de sus competidoras

Con todos los cambios abordados a lo largo de 2010, que muchos consideran que suponen la desaparición definitiva del modelo de cajas, se busca acceder a los mercados con más facilidad. Las cajas necesitan conseguir liquidez para conceder créditos y también requieren captar capital para elevar su solvencia, algo que en estos momentos no pueden conseguir porque la denominación caja está muy mal vista en el extranjero. Además, la estructura es difícil de entender para los inversores, que no comprenden una empresa que no tenga acciones ni propietarios.

José Carlos Díez, economista jefe de Intermoney, considera este proceso todo un éxito. 'Los inversores internacionales tienen sus telescopios orientados a nuestro sector de cajas y vigilan sus movimientos por lo que cumplir los plazos es otra buena señal para que recuperen su confianza', aseguraba esta semana en su blog en internet.

Pero Díez alerta de que no todas las fusiones son iguales. Destaca como ejemplo de integración la de Cajastur con la CAM, Caja Extremadura y Caja Cantabria (pese a que sus tiranteces estuvieron a punto de hacer naufragar la operación), en la que todos los activos se unirán en un banco común; y critica que no hagan igual Caja Madrid, Bancaja y sus cinco socios (aunque esta operación ha sido la más pacífica de las que se han realizado).

El proceso se llevará por delante 20.000 empleos y 5.000 sucursales

Este proceso se llevará por delante en torno al 15% de las plantillas del sector (unos 20.000 empleados). Todo lo que se pueda se hará mediante prejubilaciones, aunque también habrá bajas incentivadas y muchos contratos que finalicen no se renovarán. El cierre de oficinas oscilará entre el 20% y el 25% de la red, es decir, desaparecerán en torno a 5.000 sucursales.

El gran temor en este momento es que alguna de estas fusiones no llegue a buen puerto. Un experto de una gran auditora asesor de varias de las fusiones que están en trámite advierte de que el fracaso de una de estas operaciones podría ser el detonante de un efecto dominó que puede hacer fracasar el conjunto del proceso.

Para evitar tentaciones (muy habituales cuando hay guerras de poder), el Banco de España ha fijado unas condiciones leoninas para todo aquel que quiera salirse de un Sistema Institucional de Protección (SIP) o fusión fría. El regulador del sistema financiero ha fijado que los contratos deben hacerse por un mínimo de diez años y que quien quiera salirse deberá abonar un 30% de su patrimonio. En todo caso, el supervisor ya se ha dado cuenta de que estas operaciones tampoco convencen a los mercados y de que la necesidad imperiosa es que se hagan fusiones de pleno derecho. Lo que quiere es que todas las entidades participantes de la integración compartan todo y sólo mantengan de forma independiente (si quieren) la obra social y la marca de las oficinas en las zonas de origen.

El temor es que alguna fusión fracase y provoque un efecto dominó

Al margen de los problemas que plantea el proceso actual, las cajas se enfrentan ahora a las habituales dificultades de las fusiones: integración del sistema informático, pérdida de clientes, trabas para la integración de las diferentes culturas y descenso de la cuota de mercado. Nadie ha salido de una fusión sin sufrir al menos dos años duros.