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La calidad hospitalaria recibe calificaciones contradictorias

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Por Amy Norton

Los "boletines decalificaciones" públicos de la atención en los hospitalesinducirían cambios positivos, pero se ignora su efectividadpara mejorar el cuidado de la salud.

En un estudio sobre 81 hospitales en Canadá, investigadoreshallaron que esos informes públicos de evaluación del sistemano diferenciaban entre la calidad de la atención de un infartoy de la insuficiencia cardíaca, según 18 "indicadores" decalidad.

Aunque algunos hospitales realizaron modificaciones trasrecibir los informes.

Por ejemplo, un cuarto cambió sus políticas de admisiónpara que los emergentólogos pudieran darles a los pacientesinfartados fármacos para disolver coágulos sin consulta previa,lo que aumentó la cantidad de pacientes tratadosfarmacológicamente en salas de emergencia (ER).

Los resultados, publicados en Journal of the AmericanMedical Association, generan un debate médico sobre el valor deesos informes, opinó el autor principal, doctor Jack V. Tu, delInstitute for Clinical Evaluative Sciences, en Toronto.

Los informes de evaluación son cada vez más frecuentes enlos hospitales. En Estados Unidos, se puede acceder a través defuentes oficiales, como el sitio gubernamental Hospital Compare(www.hospitalcompare.hhs.gov) y empresas, como HealthGrades.

Pero existen conflictos en el área de la salud. Susdefensores dicen que los informes harán que los hospitalesmejoren la calidad de la atención y sus críticos, que contieneninformación confusa y dañan injustamente la reputación de losbuenos centros.

El nuevo estudio no definirá el debate.

Los informes fueron "un catalizador de cambio en algunoshospitales", dijo Tu a Reuters Health. Pero agregó que sus"detractores argumentarán que no cambiaron el sistema".

Según los resultados, los hospitales "no se concentraronpor igual en todos los indicadores de calidad", pero algunoshicieron cambios específicos.

El equipo de Tu examinó en 81 centros en Ontarioindicadores estandarizados de calidad de la atención depacientes con infarto e insuficiencia cardíaca.

Los expertos midieron el porcentaje de pacientes al que sele hicieron los estudios diagnósticos y se le dieron losfármacos recomendados en el hospital y al alta (aspirina,betabloqueantes, estatinas, etcétera).

Al azar, el equipo dividió a los hospitales en dos grupos:a uno se le entregó el informe "temprano" (enero del 2004) y alotro, demorado (septiembre del 2005). Luego, se volvió aevaluar la atención hospitalaria hasta marzo del 2005.

No hubo diferencias significativas entre ambos grupos alfinal del seguimiento.

Pero los hospitales que habían recibido el informetendieron a decir que habían hecho por lo menos un cambio en lacalidad de la atención (el 73 por ciento, en la atención delinfarto, por ejemplo, versus el 47 por ciento de los hospitalesque no habían recibido el informe).

En cuanto al tratamiento de la insuficiencia cardíaca, loshospitales que primero obtuvieron el informe tendieron a usarinhibidores de la ECA o antagonistas del receptor deangiotensina: los usaba en el seguimiento el 92 por ciento delos pacientes indicados, frente al 86 por ciento de lospacientes de los hospitales en los que se demoró el informe.

Pero sólo en el primer grupo bajó la mortalidad por infartoa los 30 días (de menos del 12 por ciento al inicio del estudioa menos del 10 por ciento al final).

Según Tu, es probable que los cambios realizados expliquenesa reducción, aunque eso se desconoce. "El estudio no hallóevidencias claras de que los informes sean inútiles. Perotampoco que no lo sean. Está en el medio", finalizó.

FUENTE: Journal of the American Medical Association, 2 dediciembre del 2009