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El campo en pie de guerra

Agricultores y ganaderos no pueden aguantar los precios que impone el intermediario

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Mediodía en una de las cooperativas de Águilas (Murcia). 150.000 kilos de tomates esperan la subasta. Una decena de intermediarios, con órdenes directas de Mercamadrid, Mercabarna y otros mercados internacionales, aguardan en la sala de ventas. Saben a qué precio se pueden llevar la mercancía, que el consumidor final pagará a entre dos y tres euros el kilo. A los agricultores les ha costado 0,45 euros producirlo.

Empieza la subasta. El precio de salida son 0,56 euros. '...0,50; 0,45'. Ni un intermediario levanta la mano para comprar a una cifra que cubra los costes de producción. Joaquín Roldán, presidente de la asociación agrícola Coag en Águilas, propietario de tres hectáreas de invernadero que producen 400.000 kilos de tomate al año y responsable de la subasta, la detiene cuando se llega a 0,25 euros por kilo. 'No bajamos más. Que se lleven lo que quieran a ese precio'.

Convocada una manifestación a nivel nacional para el día 21

'No bajamos más' es lo que quieren gritar en Madrid agricultores y ganaderos de toda España, que han convocado una manifestación para el próximo 21 de noviembre y un paro en el sector el día anterior. La Delegación del Gobierno en Madrid baraja una cifra de 100.000 manifestantes. Es la primera vez que las tres organizaciones agrarias nacionales (Coag, Asaja y Upa) se unen. El campo español se arruina, aseguran.

Se reduce el número de trabajadores, se venden propiedades o se hipotecan, se tira producción o se abandona en el bancal, se sacrifican crías y se abandonan explotaciones. El campo siempre se ha quejado de estar en crisis, pero ahora hasta uno de los intermediarios de Águilas admite que la situación es muy preocupante. Luego coge su todoterreno BMW y se va. Reconoce que sus márgenes no han bajado porque cobra un precio fijo por kilo que intermedia.

Es la primera vez que se unen las tres asociaciones grandes del sector

El campo pide un mecanismo que acabe con el poder de las grandes cadenas de supermercados y los intermediarios, y les permita negociar entre ellos precios mínimos que cubran los costes sin que la Comisión Nacional de la Competencia (CNC) les multe por ir contra el libre mercado.

'Necesitamos que se elimine el diferencial de precios entre el sector de la producción y los consumidores', explica a Público Miguel López, secretario general nacional de Coag. 'Y mecanismos de estabilidad que no produzcan rupturas', como la crisis del precio de los cereales de 2008 provocada por la especulación, que se llevó el 30% de la producción ganadera española. 'Otros países, como Francia, van a poner dinero para los productores. España tiene que decir algo', añade recordando que se acerca la presidencia española de la UE.

El sector señala a los intermediarios y las cadenas de distribución como los culpables de obligar al consumidor final a pagar precios que llegan a superar en un 1.000% lo que cobran los productores. Es lo que ocurre con la patata o la cebolla.

La competencia de países no comunitarios juega también en contra del productor. Una hora de trabajo de un empleado en España cuesta entre siete y diez euros, incluida la Seguridad Social. Con esa cantidad se pagan dos jornadas en Marruecos, el principal competidor del tomate español, comentan en Coag. Según Joaquín Roldán, 'con Marruecos no se aplican los acuerdos. Entra mucho más de lo pactado y se paga menos del precio establecido'.

En Molina de Segura, Pedro, al que todo el mundo conoce como Perico el Colorao, tiene cuatro hectáreas de limón y pomelo. Su familia le ha dicho que lo deje. En 2008, produjo algo más de un millón de kilos de limón a un coste de 0,23 euros el kilo. Se los compraron a 0,03 euros. Pagar la mano de obra para recoger la fruta era la ruina. Por eso, dejó 300.000 kilos sin recolectar. La fruta se pudrió en el suelo y dañó la plantación. Este año, los limoneros sólo van a dar 200.000 kilos.

Perico el Colorao, que ronda los 70 años, forma parte de una cooperativa que envasa y transporta el limón. Producirlo, envasarlo y llevarlo a Perpignan (Francia) para venderlo en Europa cuesta 0,80 euros el kilo. A pocos kilómetros de la plantación, un supermercado los vende a 1,5 euros.

Los ánimos están caldeados. Perico advierte: 'Si yo no soy capaz de defender el pan de mis hijos porque no me dejan, tendremos que hacer algo. Y a la edad que tengo me da lo mismo ocho que ochenta. Somos muchos. A Madrid me voy a llevar hasta el perro. Vamos a pedir a la Renfe que nos ponga un tren para ir. Esta es como la de 1977', se emociona, recordando la tractorada que protagonizó el sector para exigir cobertura de la Seguridad Social.

Con la mitad de años (36) y dos hijos de 10 y 11, Plácido Pérez muestra las mismas ganas de guerra mientras camina, en La Hoya, por los surcos de su plantación de brócoli, lechuga baby y sandía. 'A ver si hacemos una buena', dice pensando en el día 21.

Salvador Abellán, Salva, está perdiendo 18 euros por cada cerdo que cría en su explotación de Lorca. 'Los ganaderos no podemos negociar. La lonja (la del porcino está situada en Lérida) establece un precio controlado por las grandes empresas'.