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Los candidatos a la Presidencia de Brasil se sacan los trapos sucios en el debate

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Los candidatos a la Presidencia de Brasil, la oficialista Dilma Rousseff y el opositor José Serra, intercambiaron acusaciones y se sacaron los trapos sucios en un debate tenso, el primero de la segunda vuelta de las elecciones del 31 de octubre.

A diferencia de los debates realizados hasta ahora, la aspirante del Partido de los Trabajadores (PT) y el del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) aprovecharon el cotejo celebrado por la televisión Bandeirantes para elevar el tono y hablar de temas polémicos como el aborto, la corrupción o las privatizaciones.

Sin embargo, ambos fueron esquivos en sus respuestas, intentaron en lo posible desviarse de los puntos más controvertidos y pasaron de soslayo por las grandes líneas de sus programas de Gobierno, sin entrar en detalles.

Serra centró sus intervenciones en la seguridad pública, las acusaciones de corrupción que salpicaron al Gobierno del presidente Luiz Inácio Lula da Silva y las supuestas "incoherencias" de Rousseff en su posición ante el aborto y sus creencias religiosas.

"Yo nunca defendí el aborto. Usted sí lo defendió y ahora pasa a decir lo contrario y a hacerse la víctima. En algunas entrevistas ha dudado de la existencia de Dios y ahora se vuelve una devota", espetó el socialdemócrata a Rousseff.

El tema del aborto ha sido el que más polvareda ha levantado en las últimas fechas, lo que ha llevado a ambos a rechazarlo con vehemencia y posicionarse "a favor de la vida" en sus programas de propaganda, en un movimiento para atraer el voto de los religiosos.

En su respuesta, la candidata que cuenta con el respaldo del presidente Luiz Inácio Lula da Silva dijo sufrir una "campaña de calumnias y difamaciones" por parte del PSDB.

La candidata del PT intentó hacer mella en el socialdemócrata al relacionarlo con supuestas intenciones de privatizar la petrolera estatal Petrobras, un tema que sacó a colación dos veces, al recordar su participación en las privatizaciones emprendidas por el Gobierno de Fernando Henrique Cardoso, del que Serra fue ministro.

El candidato del PSDB rechazó estas versiones y aseguró que pretende fortalecer la petrolera estatal, así como nacionalizar otras empresas como los Correos.

Serra abundó en el tema de la seguridad y reiteró sus propuestas de crear un ministerio para el área, actualmente gestionada por los gobiernos regionales, y una "guardia nacional" que estaría encargada de la vigilancia de las fronteras y el combate al tráfico de armas y de drogas.

En este sentido, reclamó que el Gobierno debe presionar a los países vecinos y principalmente a Bolivia, que señaló como el origen de la droga que se consume en el país.

Rousseff reconoció que es muy importante el refuerzo de la vigilancia fronteriza, pero rechazó la creación de nuevos cuerpos de seguridad o de un ministerio e incidió en la necesidad de mejorar las condiciones laborales de las actuales policías.

El opositor también aprovechó para sacar a relucir el "esquema monumental de corrupción" por el que dimitió el mes pasado la ministra de Presidencia Erenice Guerra, quien fue el brazo derecho de Rousseff, según palabras de Serra.

En sus consideraciones finales, Rousseff aseguró que ella será una presidenta con mirada social y recalcó que "las mujeres están preparadas para presidir Brasil".

En la primera vuelta de las elecciones, celebrada el pasado tres de octubre, la candidata del PT fue la más votada, con el 46,91 por ciento de los sufragios, contra el 32,61 por ciento obtenido por el socialdemócrata.

Hasta ahora, se ha divulgado una encuesta de cara a la segunda vuelta, elaborada por la firma Datafolha y publicada el sábado, que muestra a Rousseff como favorita con el 48 por ciento de la intención de voto, frente al 41 por ciento de Serra.