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El canto africano de Randy Weston y el estreno de Spalding en el Jazzaldia

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Randy Weston ha regresado hoy al Festival de Jazz de San Sebastián con sus ritmos africanos, en una jornada en la que Buenavista Social Club ha regalado los viejos ritmos cubanos a una audiencia entregadísima y Esperanza Spalding su talento y enorme expresividad.

Primera noche en la plaza de la Trinidad, que tras el descanso de la pasada edición, por las obras del Museo San Telmo, se ha estrenado en este Jazzaldia con la cantante, contrabajista y compositora estadounidense Esperanza Spalding, una jovencísima figura que ha irrumpido con fuerza y sin complejos en la escena del jazz actual.

Spalding (Portland, 1984) ha hecho muchísimas cosas en sus apenas dos décadas de contacto con la música y el resultado es que ahora compone, canta y toca varios instrumentos: el contrabajo, el violín, el bajo eléctrico y ha empezado a probar con el piano.

Hoy, acompañada por Ricardo Vogt (guitarra), Leo Genovese (piano) y Otis Brown (batería), ha combinado nuevos temas con otros de su disco "Esperanza", como "Fall in", "Mela" y "I know you know". Pero también ha recurrido al repertorio ajeno y ha tomado de Wayne Shorter, uno de los cientos de héroes a los que admira, "Endangered species".

Ha cantado en portugués "Coisa feita", pero no "Cuerpo y alma", la versión castellana que ha hecho del standard "Body and soul", que se esperaba para un bis que no hubo. La artista había anunciado sorpresas, pero la megafonía del recinto y la rápida entrega de un ramo de flores por parte de una azafata puso fin a su actuación de una manera un tanto abrupta.

Muchas cosas ha ofrecido con su voz y con sus manos sobre las cuerdas del bajo y el contrabajo, con temas palpitantes y apasionados, alguno incluso desgarrado. El Jazzaldia tendrá que seguir su trayectoria para tenerla en cuenta en posteriores ediciones.

Y del nuevo lenguaje de Spalding al enorme Randy Weston, que se ha presentado esta noche con el African Rhythms Quintet y The Master Gnawa Musicians of Morocco, una propuesta con la que ha ahondado, más si cabe, en su fusión del jazz y la música mística marroquí.

Un arranque enérgico tuvo el concierto de este octogenario pianista de dos metros, que arrancó con "Blue moses" para dar paso sin descanso y tras un torrencial solo del percusionista Neil Clarke, a los "gnawa" de Tánger y Marraquech, curanderos populares que usan la música como terapia.

El color y los ritmos del norte de África se sucedieron entonces ante la atenta y divertida mirada de Weston, que en esta ocasión ha cedido el protagonismo a los miembros de su grupo, a Clarke, a Alex Blake, que hizo unos larguísimos y vigorosos solos con el contrabajo, y especialmente a TK Blue (saxofón y flauta), y a Benny Powell (trombón).

La energía inicial fue decayendo hasta casi el final, en que los músicos recuperaron potencia, aunque lo que ofrecieron fue quizá excesivamente largo y algo repetitivo.

"African sunrises" para recordar a Dizzy Gillespie, y una versión de "African cookbook" "del 23 de julio de 2009" -palabras textuales de Weston- fueron algunos de los temas que sonaron en esta velada.

Antes, en el teatro Victoria Eugenia, la Orquesta Buenavista Social Club dejó al público mucho más que satisfecho en dos horas de concierto, con una primera mitad que pecó de monótona.

Los veteranos músicos cubanos, cada vez con más incorporaciones jóvenes, lograron que la audiencia acabara bailando algunos de sus temas y coreando otros tantos.

"Rincón caliente", "De camino a la vereda", "Bodeguero", "Como siento yo" o "Dos gardenias" fueron parte de su repertorio. No faltó "Chan chan", con la que homenajearon a Compay Segundo. Ni faltó el recuerdo a Rubén Honzález, Cachaíto López e Ibrahim Ferrer, los maestros fundadores de la Orquesta ya fallecidos.

Hoy ha sido el primer día para los escenarios de la playa y las terrazas del Kursaal, donde se han programado once actuaciones, entre ellas, las de Russian Red y Vetusta Morla. Y el Kursaal se ha abierto a medianoche para recibir a los inclasificables Animal Collective.