Público
Público

"La capacidad de idealismo de Obama es la de Allende"

Luigsé Martín. Su reciente novela ‘Las manos cortadas’ es un panegíricoa la figura del presidente chileno y a las revoluciones pacíficas

Publicidad
Media: 0
Votos: 0
Comentarios:

Cuenta Luisgé Martín (Madrid, 1962) que su última novela, Las manos cortadas (Alfaguara), surgió tras ver el documental de Patricio Guzman Salvador Allende, en el Festival de Cine de San Sebastián de 2005. El escritor, que hasta entonces había transitado por terrenos más cercanos a la oscuridad del alma Los amores confiados y La muerte de Tadzio (ambos de Alfaguara) sintió entonces la necesidad de embarcarse en una historia política que 'mostrara cómo EEUU impidió la revolución pacífica en Chile'. El resultado ha sido su novela 'más ambiciosa y la más lograda'.

¿Qué vio en el periodode Allende para abordarlo de forma novelesca?

Mucha gente que vivió aquella época se acuerda de lo que estaba haciendo aquel 11 de septiembre de 1973 y lo que le supuso ver las imágenes del Palacio de la Moneda bombardeado. Esa época es una metáfora de cómo el fascismo jugaba sus cartas contra elcomunismo.

¿Qué hay de real y quéde ficción en la novela?

En una novela muy andamiada documentalmente todos los datos son verdad, pero los personajes que vehiculan la historia son ficticios.

¿Y la historia de Pío Moa?

Esa es cierta. La historia que yo cuento de que le conocí en el Ateneo y que era un personaje gris en busca de afecto y amor, y que lo encontró en el neofascismo, es verdad.

¿Algún tipo de venganza personal?

No, no. Yo le conocí de una forma lejana. Me parece un personaje detestable y nocivo. Pero en aquella época no era Pío Moa, sino Luis Moa, y era un tipo simpático, agradable de maneras, que incluso inspiraba un poco de lástima.

La novela comienza con unas cartas que pueden destruir la imagen mítica de Salvador Allende. ¿Partió de un desencanto hacia una historia que no acabó bien?

No. Creo que ahí hay un conflicto y es que la única vez que se intenta hacer una revolución de forma pacífica y reversible, la violencia viene de frente. Entonces uno se pregunta: si esto es así, ¿no hay que hacer las revoluciones siempre con armas? Ese fue mi punto de partida.

¿Cuál es su respuesta?

Yo creo que Allende es un personaje profundamente admirable, porque hizo la revolución sin armas, que es como hay que hacerla.

¿Qué queda hoy de Allende en Chile?

Allende es un personaje totalmente rehabilitado. Aunque siempre habrá algún Pío Moa de Chile que diga que era nazi.

Fidel Castro aparece en la novela como la figura contrapuesta a Allende...

Es que es una contraposición que hubo incluso en el propio Partido Socialista de Chile. Su secretario general en aquel momento era partidario de tomar las armas. En la novela yo hablo mucho de toda la oligarquía de la derecha que Allende tuvo a su derecha, pero a su izquierda tuvo al MIR y a todo un movimiento que lo que quería era putearlo y que hiciera una revolución como la de Cuba.

¿Dónde está hoy esaebullición comunista?

Hay gente que sigue defendiendo la revolución castrista, pero creo que queda muy poco. Lo que me interesa de Allende es que era un político en estado puro. Sabía que existía la posibilidad de cambiar las cosas. Y esa capacidad de idealizar y arrastrar a gente, eso se ha perdido. Quizá Obama lo ha recuperado.

Obama ha llegado como necesidad moral.

Exacto. Esa capacidad de idealismo ya estaba en Allende y hay que recuperarla. Vivimos en un mundo en el que se ha perdido totalmente el sentido de la utopía y sin ella las cosas se acaban arreglando a navajazos.

¿El novelista debe implicarse políticamente?

Me parece patético cuando leo a un autor que dice: 'No, yo no quiero tomar partido'. Todavía arrastramos el fracaso de Sartre. Que le sacaran los colores por su compromiso con el estalinismo ha hecho que todo el mundo tenga miedo a comprometerse.