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Una Casa Blanca en su ocaso preside la cumbre sobre la crisis financiera

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La Casa Blanca será la anfitriona de la cumbre del G20 sobre la crisis financiera global aunque está por ver cuál será su capacidad de presión, dado que el presidente George W. Bush está de salida y su sucesor, Barack Obama, no participará.

La Administración de Bush ha expresado su convencimiento de que la cumbre "será un éxito" y "contaremos con un consenso muy firme en los principios que todos esperamos atajar para hacer frente al problema", según declaró el pasado viernes el portavoz de la Casa Blanca Tony Fratto.

La cumbre, que comenzará el viernes con una cena en la Casa Blanca, continuará y concluirá con dos sesiones de trabajo el sábado, representa la primera de una serie, según ha explicado el Gobierno de EEUU.

Los participantes, jefes de Estado o de Gobierno de las principales economías del mundo, tratarán de ponerse de acuerdo en los principios iniciales para solucionar la crisis, y continuar su puesta en práctica en las reuniones subsiguientes.

Una de las posibilidades que se evalúa es celebrar una segunda reunión en Nueva York en diciembre.

Sin embargo, la Casa Blanca actual se encuentra ya de salida. Incluso antes de las elecciones del día 4, Bush no pudo hacer mucho más que hablar de modo casi diario acerca de la crisis. El plan de rescate financiero que propuso su Gobierno, valorado en 700.000 millones de dólares, acabó aprobándose más tarde de lo que esperaba y con modificaciones sustanciales.

Y tras los comicios, su capacidad de presión se encuentra aún más disminuida ante otros países, que ya piensan en la Administración Obama que tomará posesión el próximo 20 de enero.

Al justificar la decisión de celebrar esta cumbre en pleno periodo de transición, la Casa Blanca ha indicado que esperar hasta que el nuevo Gobierno hubiera tomado posesión hubiera sido irresponsable, dado el cariz del problema.

"El mensaje que hemos recibido de las conversaciones entre el presidente y otros líderes mundiales es que no podemos esperar", declaró el viernes el portavoz de la Casa Blanca Tony Fratto, que indicó que "tenemos que poner en marcha el proceso para no quedarnos atrás el año próximo".

Teniendo en cuenta que muchos países estarán más pendientes de las opiniones del presidente que estará en el poder los próximos cuatro años, la Casa Blanca se encuentra en constante contacto con el equipo de Obama para preparar la cumbre, aunque el mandatario electo no tiene previsto participar en la reunión.

"Tendremos comunicación y coordinación con ellos", según Fratto. "Tenemos muchas ganas de escuchar sus puntos de vista sobre cómo hacer frente a estas cuestiones, que van aún a prolongarse durante algún tiempo", sostuvo el portavoz.

Obama ha descrito la crisis como "la más grave de nuestras vidas", y ha asegurado que atajarla será la principal prioridad de su Administración en cuanto jure su cargo.

También ha señalado que la crisis tiene carácter global y, por lo tanto, su solución "también debe ser global".

Pero no acudirá a la cumbre para evitar una bicefalia. En su rueda de prensa del viernes, la primera desde aquella en que se proclamó triunfador en las elecciones del día 4, recordó que "sólo tenemos un presidente a la vez" y, hasta el 20 de enero, el Gobierno de Bush sigue al cargo.

No se descarta, sin embargo, que Obama se reúna con algunos mandatarios del G20 al margen de la cumbre, para una primera toma de contacto con los representantes de los países más desarrollados y de las principales economías en desarrollo.

El equipo del presidente electo indica que no hay nada acordado hasta el momento, pero Rusia ha asegurado que su presidente, Dmitri Medvédev, ya ha concertado una reunión con el que será su colega.

Aunque sea entre bambalinas, Obama podrá aprovechar para foguearse en el terreno internacional y el económico.