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Caso de las cabezas de bronce devuelve a la actualidad el expolio del arte chino

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La polémica suscitada por la subasta de las cabezas de bronce de la colección Yves Saint Laurent, con falsa puja incluida, ha devuelto a la actualidad un tema que en los últimos años ha preocupado mucho a las autoridades culturales chinas: la recuperación de los bienes expoliados.

Pekín reclama millones de piezas que especialmente en el siglo XIX y la primera mitad del XX fueron robadas por soldados, misioneros, arqueólogos y aventureros en el país asiático.

Algunos de ellos se exhiben en los museos más prestigiosos del mundo y otros circulan desde hace décadas en el jugoso mercado del arte.

El tema del "regreso del patrimonio cultural robado" es aprovechado por las autoridades chinas para fomentar el nacionalismo y la cohesión nacional, aunque no debe olvidarse que los propios chinos contribuyeron en gran parte a la pérdida del patrimonio, especialmente durante la Revolución Cultural (1966-76).

También fueron muchos los chinos que en el pasado vendieron por apenas unas monedas restos arqueológicos a expertos extranjeros o coleccionistas, poco conscientes de que los objetos polvorientos del templo local o la cueva budista de los alrededores podrían en el futuro valer millones en Christie's o Sotheby's.

China calcula que un millón y medio de bienes robados de su patrimonio histórico (o "reliquias", como gustan de decir las autoridades chinas) se exponen en unos 200 museos de más de 40 países de todo el mundo, incluyendo ilustres galerías como el Metropolitan de Nueva York, el Louvre parisino o el Museo Británico.

Pero la gran parte del expolio chino no está en exposiciones permanentes de museos: nada menos que 10 millones de objetos, cree Pekín, se encuentran en colecciones privadas, galerías y casas de subastas de todo el planeta.

Para recuperar este patrimonio, como se ha visto esta semana, China no se conforma con declaraciones institucionales: en 2002 nació el Fondo de Tesoros Culturales, la organización más activa en este sentido, y que apoyó la "falsa puja" de los bronces de Yves Saint Laurent.

El fondo es una institución no gubernamental pero con lazos con el Ministerio de Cultura, con el que comparte los mismos objetivos, y fue su subdirector, Niu Xianfeng, quien ayer organizó la conferencia en la que salió a la luz el hasta entonces misterioso "comprador" de las cabezas de bronce, el experto Cai Mingchao.

Se trata de la acción más efectista llevada a cabo hasta ahora por el fondo, pero no la única:

En 2006 comenzó a organizar viajes para millonarios chinos a subastas de todo el mundo para adquirir antigüedades del país y devolverlas, al menos, a manos privadas de China.

El primero de esos viajes se llevó a cabo en mayo de 2006 a Japón, donde una veintena de empresarios chinos, asesorados por expertos en arte, adquirió 20 antigüedades, y le siguieron viajes similares a varios países europeos.

El objetivo no es traer a China todo lo chino, sino simplemente lo que fue expoliado en robos o invasiones tales como las Guerras del Opio del siglo XIX o la invasión japonesa (1931-45), uno de los periodos donde la pérdida patrimonial fue mayor.

Según el fondo, aquellos objetos que se pueda demostrar que fueron regalados o comprados a comerciantes tienen derecho a seguir en el exterior.

El expolio, por otro lado, no sólo se produjo en épocas pasadas, según denuncia la Declaración de Berna (DB), una organización no gubernamental suiza que aseguró en 2004 que cada año unas 20.000 tumbas son saqueadas en China.

El expolio que pervive hoy impide que China y otros lugares (Egipto, Latinoamérica, Irak, Afganistán...), muchos de ellos sin recursos para preservar su patrimonio, puedan obtener dinero por promocionar esos bienes o alquilarlos a museos, si ellos no los pueden conservar.

DB recomienda que en toda adquisición de un resto arqueológico o histórico se exija un recibo que demuestre que el vendedor adquirió el objeto legalmente.

China también tiene en mente que la mejor colección de arte chino, la que pertenecía a los emperadores, se exhibe fuera del régimen comunista, en el Museo de la Ciudad Prohibida de Taipei, la capital taiwanesa.

Allí se encuentran precisamente esta semana responsables museísticos chinos para intentar negociar un hipotético regreso de esas piezas al palacio imperial de Pekín, aunque esa posibilidad se ve aún muy lejana.