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Cass Maccombs, canciones sencillas que hacen ‘boom’

Un músico de California que a los veintipocos cambió de costa para cantar en sesiones para principiantes en bares de Nueva York y Baltimore

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Decía el escultor y también poeta vasco Jorge Oteiza que nunca entendió el manido miedo a la hoja en blanco. 'Coges tres palabras y empiezas a combinarlas, es tan sencillo como eso', explicaba, como si de freír un huevo se tratara. Si alguien desconfía del comentario de Oteiza, puede convencerse escuchando los primeros versos de Dreams come true girl, la canción que abre el nuevo disco del norteamericano Cass McCombs: 'Tú no eres mi sueño, nena / no eres mi realidad, nena / eres mis sueños hechos realidad'.

Tan básico como efectivo. Si a eso se le añade una melodía que podría haber compuesto Roy Orbison y unos arreglos que recuerdan a las baladas de los años 50 pero que suenan actuales, el efecto es tan romántico que pondría a temblar a cualquier pareja de enamorados que se precie.

Cass McCombs es un músico de California que a los veintipocos cambió de costa para cantar en sesiones para principiantes organizadas en bares de Nueva York y Baltimore. En esta última ciudad trabajó limpiando retretes en una discoteca. En 2003 publicó su primer disco, titulado simplemente A, al que seguirían otros tres.

El último es el reciente Catacombs , un álbum que se podría englobar en la categoría de la americana, pero que parece querer escapar de las etiquetas a cada canción que pasa: pop beatleiano (Jonesy Boy), folk clásico (One way to go, Prima Donna), baladas próximas al country (You saved my life, The executioner's song, Harmonia) o rock acústico (Don't vote).

'Las buenas canciones son simples', dice este músico alérgico a las entrevistas (constatado tras teclear en Google 'Cass McCombs interviews'). Los once cortes de Catacombs consiguen parecer simples, pero en realidad esconden un minucioso trabajo de producción que elige lo esencial y tira las sobras. McCombs desbroza las canciones hasta alumbrar en ellas un halo sonoro desértico y atmosférico que atraviesa todo el disco, le da unidad y es finalmente su identidad.

En una época en la que la forma es tan importante como el contenido, McCombs sorprende con Lionkiller got married, un himno sórdido e hipnótico construido con tiralíneas a base de golpes de bajo, serpenteada por palmas y coros procesionales y recorrida de principio a fin por un violín estridente. Por no hablar del fantasmal (y bellísimo) final de Dreams come true girl, con los coros de la actriz Karen Black. Una joya capaz de llenar un verano.

¿Parecidos razonables? Se convertirá en indispensable de tu discoteca si te emocionan Wilco, Richard Hawley y Sufjan Stevens.