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Los cayucos ya no parten de Senegal hacia Canarias

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Saint Louis, ciudad del norte de Senegal, batió en 2006 todos los récords de salida de cayucos hacia Canarias (España) -a 1.400 kilómetros de África- que hasta ese momento ostentaban el litoral de la vecina Mauritania, pero la situación ha cambiado y, según fuentes oficiales, los senegaleses ya no quieren irse.

Según datos del Ministerio del Interior senegalés, durante nueve meses en 2006 unos 30.000 africanos llegaron ilegalmente a las islas Canarias, pero en el mismo período, este año, el número de quienes optaron por subirse a un cayuco se ha reducido en un 87 por ciento.

Mamadou y Abdoulaye, hermanos menores de Ibrahim, salieron hace tres años hacia Tenerife, relata a Efe este último, quien afirma ahora que "irse no es la solución, espero que mis hermanos se den cuenta y vuelvan".

Los hermanos de Ibrahim estuvieron entre los 5.000 emigrantes ilegales que salieron desde Saint Louis en sólo un mes en 2006 -tantos como en todo 2005-, según datos de la Guardia Civil española.

El pasado mes de julio, el ministro del Interior español, Alfredo Pérez Rubalcaba, aprovechó su visita a Senegal y dio otro paso hacia la consecución de un acuerdo para regular la repatriación de los menores no acompañados que llegan ilegalmente a territorio español.

Tal como Ibrahim, Mamadou Gomis, fotógrafo del "Walfadjri", uno de los periódicos más leídos en Senegal, no cree en los cayucos.

"La pobreza se combate con la educación", explica Gomis, quien afirma que, pese a haber pasado una temporada en Alemania estudiando, "mi futuro está en Senegal".

El profesor Amadou Ndoye, de la Universidad Cheik Anta Diop de Dakar, también apuesta por "quedarse en el país, especialmente en un momento que hay más crisis en Europa que en África".

"Senegal es conocido gracias al boom de los cayucos, antes nadie sabía situarlo en el mapa", opina Ndoye.

Celina Dioura Diop es senegalesa y reside en Tenerife, pero su historia es diferente a la de otros africanos que emigraron.

A través de un convenio que la Universidad de La Laguna, de Tenerife, tiene con la de Gaston Berger, en Saint Louis, Celina está acabando un postgrado en periodismo y considera que "el papel fundamental sobre la inmigración lo tienen los medios de comunicación".

Desde el curso 2006 hasta la actualidad, 177 personas procedentes del continente africano han ido a estudiar a La Laguna, según datos del gabinete de análisis y planificación de la universidad.

Mientras algunos, como Celina, se forman en el extranjero, otros lo hacen en las cinco escuelas taller que funcionan en Saint Louis desde el año pasado, donde alrededor de 300 alumnos reciben clases de agricultura, turismo, desarrollo del territorio, acondicionamiento y rehabilitación urbana.

"Los chicos tienen ganas de aprender y de ganarse la vida en su país", afirma Carlos Gallego, responsable de programas de la Cooperación Española, que ha invertido tres millones de euros en este proyecto.

Gallego considera, no obstante, que las escuelas taller no son una solución a la inmigración irregular, ya que, subraya, "el impacto mediático es más fuerte que el que podamos provocar nosotros".

Por su parte, Mama Fall, que vende collares y pulseras en la playa de Chez Fatou, próxima a Dakar, dice que no quiere oír anunciadas más muertes por los medios de comunicación.

"Los 500.000 CFA (762 euros) que los chicos pagan por el viaje a Canarias pueden costarle su propia vida", cuenta Mama Fall, quien explica que el dinero que recauda con sus ventas lo lleva a una asociación de mujeres del barrio de pescadores de Kayar, "que lucha para que nuestros hijos cojan una piragua para ir a pescar y no para irse a España".

La pesca es la actividad económica más importante de Senegal, que el año pasado exportó pescado por valor de 232,7 millones de dólares, según el Ministerio de Economía y Finanzas del país.

Los cayucos y las muertes en la travesía a Canarias son temas asociados a Senegal, país que aspira a ser reconocido también por su bienal de arte de Dakar, su festival anual de jazz de Saint Louis o sus dos universidades públicas, que forman "a futuro", según el profesor Amadou Ndoye.

Belén Rodríguez