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Una Cenicienta con ímpetu joven y escenografía antigua, pero con frescura

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El Palau de les Arts de Valencia ha estrenado hoy una producción de La Cenicienta (La Cenerentola), de Gioachino Rossini, en la que ha destacado la juventud del reparto, que ha suplido con ímpetu y ganas algunas carencias, y una puesta en escena antigua (data de los años noventa) pero que todavía mantiene su frescura.

Ha sido una noche de estrenos en Valencia: el primer Rossini en en la sala principal del Palau y el debut de Michele Mariotti, el joven director musical de origen italiano que, al frente de la Orquesta de la Comunitat Valenciana, ha puesto el acento en el trasfondo social pero sin descuidar el lado cómico de la partitura, que sigue los cánones de la tradición de la ópera bufa italiana.

Su lectura ha ido alternado los rasgos dramáticos y los vitalistas, aunque en el primer acto ha habido momentos en que ha transmitido una falta de tensión.

En su primera actuación en el Palau de les Arts, la mezzosoprano Serena Malfi ha interpretado una Cenicienta humilde y bondadosa, de voz hermosa pero a la que le ha faltado decisión y potencia, ya que ha quedado "tapada" en varios pasajes, como en el quinteto del primer acto.

Más entonada en el sexteto del segundo acto, Malfi-Cenicienta ha ido ganando en seguridad hasta que en el rondó final, tras asegurar que ha "nacido para sufrir", establece propia venganza, que no es otra que perdonar a sus frívolas y perezosas hermanastras.

Correcta ha sido tanto la actuación del tenor ruso Dmitri Korchak, el príncipe don Ramiro que se hace pasar por un escudero para encontrar a una mujer virtuosa con la que casarse por amor, como la del barítono Mario Cassi, el sirviente que interviene como falso príncipe para desenmascarar a las pretendientes ambiciosas que sólo buscan la notoriedad y la riqueza.

Sobresaliente ha sido la actuación del bajo Paolo Bordogna, que ha encarnado a un espléndido Don Magnífico, el padrastro de Cenicienta, personaje al que ha dotado de una vis cómica inteligente y gestual, pero sin caer en la chabacanería. Para él han sido los aplausos más cálidos del público.

Dentro del reparto han destacado igualmente el coreano Simon Lim, con una generosa voz y buenas dotes de actor para interpretar el filósofo Alidoro, el tutor del príncipe, y las dos hermanastras, María José Moreno y Cristina Faus, que han rivalizado en agilidad y frescura vocal.

A pesar de que la producción es del Festival Rossini de Pésaro de los años noventa, mantiene un toque de modernidad con plataformas que se elevan delante del público y módulos giratorios que en su interior albergan otro decorado.

Este movimiento escénico le ha dado frescura a unos decorados de ambientación barroca, acordes con la época en que se desarrolla la acción de esta ópera, basada en el cuenta La Cenicienta, de Charles Perrault.

La casa del barón, atiborrada de muebles, recordaba la laberíntica habitación de la obra teatral española "Eloisa está debajo de un almendro". La disposición en varios niveles de sofás, sillones, camas y mesas permitía una distribución efectiva de voces para los quintetos y sextetos.

Aunque Rossini prescinde de la magia, la puesta en escena original de Luca Roconi y la escenografía de Margherita Palli hacen un guiño a lo sobrenatural al trasladar a Cenicienta desde lo alto de la chimenea de su casa hasta el palacio del príncipe a través del vuelo de una cigüeña.

Esta primera inclusión de una obra de Rossini en la programación general del Palau de les Arts ha sido bien recibida por un público que, no obstante, no ha llenado el aforo.