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La censura amenaza a la premiada con el Goncourt

Marie Ndiaye tildó de "monstruosos" a ministros de Sarkozy

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El diputado conservador Eric Raoult, uno de los más fieles al presidente Nicolas Sarkozy, sugirió la posibilidad de instaurar un 'deber de reserva' en Francia a los escritores que ganen el Premio Goncourt. La invitación a la censura dirigida por el político contra la ganadora de este año, Marie Ndiaye, le ha valido un diluvio de críticas procedentes del conjunto del mundo cultural.

La novelista francesa de origen senegalés había calificado en una entrevista, en agosto pasado, de 'monstruosa' la 'Francia de Sarkozy', y tildaba de 'monstruosos' a varios de sus ministros. Para la autora de Tres Mujeres Poderosas, esa atmósfera sarkozyana irrespirable explicaba su decisión de mudarse a Berlín.

Tras ganar de forma abrumadora, y unánimemente aplaudida, el Goncourt el pasado día 2, las palabras de la novelista resurgieron de forma natural, retomadas en numerosos medios. Cayeron mal en círculos sarkozystas, que andan hoy enzarzados en el lanzamiento de un supuesto debate sobre la 'identidad nacional' de los franceses.

Ni corto ni perezoso, el diputado Raoult cogió de inmediato a su secretaria y dictó una carta al ministro de Cultura, Frédéric Mitterrand. En la misiva, Rault calificaba de 'virulentos' los comentarios de la autora. Si se hubiera quedado ahí, no hubiera pasado nada. Pero el sarkozysta sugirió al ministro que imponga el 'deber de reserva, propio de los galardonados con el Goncourt'. Estimó que 'los mensajes que envían los galardonados debe respetar la cohesión nacional y la imagen de nuestro país'.

Con esas palabras, Raoult demostraba que confunde las críticas a Sarkozy y a su Gobierno con la identidad misma de su país, y probaba también que la derecha en el poder tiene problemas para aceptar las reticencias que suscita en los círculos culturales.

Ayer, numerosas personalidades del mundo de las letras intervinieron para ridiculizar a Raoult, entre ellas el célebre cronista literario Bernard Pivot y el escritor y académico Erik Orsenna. Raoult, por su parte, se quedó solo: ninguna personalidad de la derecha acudió a socorrerlo.

En una entrevista a la radio Europe 1, Ndiaye pudo moderar sus declaraciones precedentes, y hundir el dedo en la llaga de los excesos del Raoult. 'No me gusta decir las cosas así, porque es excesivo y no quiero dar la impresión de que huyo una tiranía insoportable', explicó Ndiaye. 'Desde hace tiempo, encuentro que la atmósfera en Francia es bastante depresiva, morosa... En Berlín es más exaltante', señaló.