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La ceremonia de los Oscar, ochenta años de anécdotas

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Los ochenta años de vida de los premios Oscar han reportado un sinfín de anécdotas que, en cierto modo, definen la idiosincrasia de una industria como la de Hollywood, en la que los intereses mercantiles y la feroz competencia entre artistas marcan de forma definitiva la elección de estos premios.

Meryl Streep olvidó su estatuilla dorada en el lavabo del Dorothy Chandler Pavillion pocos minutos después de haberlo ganado en 1980, y Barry Fitzgerald partió en dos su premio, que en 1945 aún era de yeso, jugando al golf en el pasillo de su casa.

Anécdotas que recoge el periodista Luis Miguel Carmona, autor de "Enciclopedia de los Oscar. La historia no oficial de los premios de la Academia de Hollywood" (T&B).

Entre las más populares trifulcas entre estrellas destacan las de las hermanas Joan Fontaine y Olivia de Hawilland, que se aseguraban el alojarse en hoteles distintos cuando acudían a la ceremonia de los premios, o la eterna bronca entre Bette Davis y Joan Crawford, que a mediados de los 40 se convirtió en una lucha por cuál de las dos lograba una estatuilla -Crawford lo logró en 1946 por "Alma en suplicio", aunque Davis ya lo había conseguido dos veces en los años 30-.

Ambas coincidieron en "¿Qué fue de Baby Jane?" en 1962, aunque sólo Bette Davis logró ser candidata. Joan Crawford se tomó la revancha cuando, al arrebatar el premio a su enemiga pública, una Anne Bancroft ausente en la ceremonia, se las arregló para recoger el galardón en su nombre y actuar como si hubiese sido ella la ganadora del mismo, convirtiéndose en la estrella de la noche y la que recibió los aplausos, algo que sacó de quicio a Bette Davis, como ella misma aseguró años después.

En una gala de estas características es inevitable que sea el momento de entrega y recogida de premios el que más anécdotas proporcione.

Louise Fletcher agradeció el Oscar en 1976 por "Alguien voló sobre el nido del cuco" en el lenguaje de los signos, en honor a sus familiares sordos, dejando al auditorio en completo silencio durante varios segundos. Y todos recuerdan cuando una mujer india rechazó en nombre de Marlon Brando su premio por "El Padrino" en 1973 para así denunciar el tratamiento que su raza recibía en el cine estadounidense.