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Esos chulos holandeses

El Prado enseña sus fondos flamencos del siglo XVII y una excelente pintura de Frans Hals cedida

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El capitalismo hizo del hombre un ser altanero, sin miedos y autosuficiente. El interés por el desarrollo económico en el siglo XVII trajo la fuerza del éxito como valor fundacional del genio y el nuevo hombre colocó sus ambiciones en el centro del corazón y sus brazos a la altura de la cintura. Desafiante, en jarras. Las crónicas de la época hablaban de una fea actitud de gente que andaba con brazos en jarra. 'Es el testigo e inventor de la actitud del nacimiento de una nueva época', explica a pie de obra Alejandro Vergara, Jefe de Conservación de Pintura Flamenca del Prado, sobre la impresionante pintada por el artista Frans Hals en 1633, La compañía del capitán Reijnier Reael, más de cuatro metros de ancho respirando enfrentamiento. 'La actitud altiva, orgullosa y chulesca de los soldados retratados es síntoma de la conducta propia de una época. Un pintor debe ser sensible a su época para lograr que sobreviva al tiempo y siga hablando siglos más tarde', explica Vergara.

La obra se lleva las luces de la exposición Holandeses en el Prado, que se inaugura hoy con un amplio recorrido por las 56 mejores obras de esta escuela conservadas en la pinacoteca española, hasta hoy sin catalogación. Después de un trabajo de seis años de investigación de la conservadora Teresa Posada, el Prado ha cerrado su lista de flamencos del XVII en 100 pinturas.

'Cuando se inició el estudio no se sabía bien cuantas obras formaban la colección', afirmó la especialista ayer. Según el director del Prado, con esta muestra 'culmina uno de los programas más narcisistas' del museo, junto a la dedicada a la pintura del siglo XIX y la dedicada a Maíno.

Narcisista y barata, cabría señalar al reconocer una temporada de archivo y recuperación de fondos, en el año económicamente más complicado de todos.

Con todo, la majestuosidad de la pintura de Frans Hals (1581-1666), se queda con toda la atención del recorrido. El pintor holandés es uno de los más conocidos del siglo XVII y suele relacionarse este gran retrato de grupo con la famosa Ronda de noche (1640) de Rembrandt. Incluso con Las lanzas (1634) de Velázquez. Sin embargo, la rendición del artista español pertenece a otra actitud: ahí no aparece la soberbia del 'hombre hecho a sí mismo', comenta Vergara.

El técnico se acerca por el pasillo y según lo encara exclama: 'Es un ballet'. Hals montó por encargo un verdadero teatro de gestos, posturas, símbolos, movimiento y arrogancia. Un grupo que habla, se relaciona y vive con el juego espectacular de la composición. Desde abajo arriba, las piernas bailando, los codos desafiando el escorzo, las telas suntuosas, las manos parlanchinas y el cruce de miradas apuntado por las lanzas de los soldados que lucharon contra los ejércitos españoles.

Pero Hals no remató la obra. Tras una disputa con los mecenas el pintor Pieter Codde (1599-1678) acabó el trabajo tres años más tarde. Pero fue Hals quien compuso el retrato de grupo y cerró las siete figuras de la izquierda de la escena. Una maravilla que no volverá a viajar una vez finalicen las obras de la casa donde tiene su residencia, el Rijksmuseum de Ámsterdam, en el año 2013, señaló durante la presentación de la muestra Taco Dibbits, director de colecciones del museo holandés.