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¿Cierra los ojos Higuaín?

Sus tres errores, a solas frente a Valdés, justificaron la agonía que vivió el Madrid para vencer

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En tres días, el Madrid ha pasado de culpable a victorioso. De 'una derrota inesperada' en Getafe 'a la victoria que necesitaba' frente al Barça. La felicidad ha regresado al Bernabéu con un título para toda la vida. Así que ya hay motivos para no volver nunca más a Getafe y para recordar siempre a Valdano, ese buen amigo de Mourinho, que dice que 'el fútbol, ante todo, es un estado de ánimo'. Anoche, el Madrid incendió la final en una primera media hora rotunda y para coleccionistas. La transformación dejó tan feliz a Aitor Karanka, el indicado por Mourinho para atender a la prensa, que esta vez no tiró ningún dardo envenenado a nadie. 'Ha visto todo el mundo la manera en la que ha salido el equipo, que no es más que el reflejo de nuestra manera de trabajar'.

Fue el discurso del triunfo. Quizá de un triunfo que replica a una temporada que había amanecido en dirección prohibida y en la que, según Casillas, 'el equipo estaba en deuda con la afición'. Por eso la noche procuró un giro brutal en un Madrid, que cambió las leyes. Primero, insinuó un marcador trágico para el Barcelona en la primera media hora. Después, supo gestionar la dificultad que siempre implica vencer al Barça. Y en los momentos más relajados, la hinchada estuvo a punto de celebrar el primer gol de Modric con esta camiseta. Pero tampoco hay que confundir la amabilidad del triunfo con la perfección. La noche dejó alguna pena como fue la falta de seguridad de Higuaín en el área del Barça. Y, sobre todo, una pregunta muy puñetera para él: ¿por qué le cuesta tanto marcar gol?

Casillas: 'El equipo estaba en deuda con la afición' El partido se puede radiografiar a través del delantero. En la primera media hora, en la que la defensa del Barcelona fue una verbena, se quedó hasta tres veces a solas frente a Víctor Valdes. Marcó un gol, el primero a los nueve minutos, pero falló otros dos sin excusa ninguna. A eso, sumó otro error de la misma categoría a los 79 minutos, dos minutos antes de ser sustituido. Si se analiza así, se puede admitir, incluso, que toda la agonía que vivió el Madrid fue debido a las catastróficas decisiones de Higuaín frente a la portería. La estadística es clamorosa. El delantero no respondió con el suficiente prestigio. ¿Qué hubiera pasado si Montoya y Messi marcan en el minuto 91 y 92? Se quedaron muy próximos a hacerlo.

No son malos tiempos para Higuaín, en cualquier caso. Juega sin ansiedad y está rápido y atento como en sus mejores tiempos. Ante el más mínimo descuido, como el de Mascherano en el primer gol, no retrasa ni un segundo su presencia. Su estado de actividad admite emociones como para confiarle las responsabilidades más fuertes. Es el espíritu Higuaín, el que le ha permitido dar la vuelta a su carrera en el Madrid. Ha vuelto a sentirse tan poderoso como antes de sufrir la operación de hernia discal cuando Mourinho no imaginaba la vida sin él. Ha marcado en tres de los cuatro primeros partidos de este año y se estima como claro vencedor en el duelo que le separa de Benzema. Pero las disculpas nunca serán fáciles para los delanteros. Máxime cuando se acierta en una de cuatro. No son porcentajes. Al menos, para el delantero centro del Madrid e Higuaín, que es un tipo perfeccionista, lo sabe. De ahí que su fotografía con la Copa saliese agridulce.