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Círculo vicioso

Los mercados conectan la crisis de la banca y la deuda pública

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Aunque el Banco Central Europeo (BCE) ofrezca en la subasta prevista para hoy un respiro de liquidez para las entidades financieras españolas y europeas, la crisis en curso dentro de la Eurozona ya ha consolidado un círculo vicioso: la caída en desgracia de la deuda pública ha deteriorado unos balances bancarios cargados de activos no rentables o con pérdidas potenciales, no reconocidas, acumuladas durante la orgía especulativa de la vivienda y del crédito barato. El fantasma de aquellos días de Lehman Brothers resucita: el euríbor remonta, el mercado interbancario permanece cerrado para las entidades españolas y la prima de riesgo vuelve a escalar.

Resolver ahora los problemas es mucho más difícil que tras Lehman

Pero hay una diferencia con aquellos días de septiembre de 2008. Por entonces todavía quedaba para evitar una nueva Gran Depresión la política monetaria de tipos de interés cercanos a cero y, en su defecto, los planes de estímulo fiscal. Pero tras conjurar el peligro de esa Gran Depresión, la aplicación neoliberal limitada de los estímulos fiscales, básicamente dirigida a salvar al sistema bancario con fondos públicos, ya ha quedado atrás. La mejor manera de desprestigiar una política es hacer como si se la hubiera aplicado. En realidad,los estímulos han sido una caricatura de relanzamiento fiscal keynesiano rápidamente denostada por la escalada del llamado insostenible mercados obligan déficit público.

La política del como si no se ha limitado a los estímulos fiscales. Precisamente, lo que está ocurriendo estos días en los mercados financieros demuestra que la política monetaria de relajación también está en crisis. Tras la caída de Lehman Brothers,el BCE ofreció liquidez ilimitada a las instituciones financieras. Desde junio de 2009, los préstamos comenzaron a canalizarse en plazos de hasta un año. Precisamente, mañana, jueves 31 de julio, vencen 442.000 millones de euros concedidos a entidades europeas a un año de plazo con un tipo del 1%.

Aquí, en esta historia, está el huevo de la serpiente, o la crisis de la deuda soberana, es decir, pública. ¿Por qué? La adivinanza es simple. ¿A quién prestaron los bancos esa liquidez? ¿A las familias y empresas, con deuda pendiente hasta las cejas y abocadas a ahorrar? No. Los bancos se lo prestaron a los gobiernos, que, por entonces, como parte de un acuerdo del G-20 y de la Unión Europea, financiaron la parodia de estímulos fiscales, gran parte de los cuales tenía como fin rescatar a entidades financieras en crisis. Los bancos obtuvieron así grandes beneficios derivados de tomar un crédito al 1% y prestarlo, por ejemplo, al 3%. Según el BCE, ¡las entidades financieras de la Eurozona han suscrito 420.000 millones de euros en bonos públicos desde octubre de 2008!

La banca dedicó los préstamos del BCE a financiar la deuda de los gobiernos

Mientras esta nueva orgía se desarrollaba existía el consenso, sotto voce, de que estos beneficios eran de mutuo interés, para bancos y gobiernos. Porque, decía la fábula, no se necesitaría inyectar nuevos fondos públicos para reforzar el capital de las instituciones financieras. Al tiempo, la garantía soberana de los bonos públicos permitía hacer colocaciones a tipos razonables.

Pero esta cadena se rompió por los mercados en el eslabón más débil de la cadena: Grecia. Y desde entonces hemos asistido a un efecto dominó. La política del BCE sigue siendo, mecanismo de estabilización mediante, la de ganar tiempo echando más liquidez al fuego. Pero los 'jodidos mercados', como les llamó una vez Bill Clinton, siguen una lógica implacable e impondrán ajustes cada vez más duros. Es su regla de juego.