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CIT se traga el dinero de los contribuyentes para sobrevivir

La quiebra total del banco afectaría a unas 2.000 pymes y 300.000 comercios

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Siguiendo la máxima del nuevo capitalismo, 'privatizar los beneficios y socializar las pérdidas', como denunció el senador demócrata Christopher Dodd, la entidad financiera CIT acaba de engullir 2.330 millones de dólares (1.578 millones de euros) de los contribuyentes estadounidenses para pagar sus deudas a los acreedores, en su mayoría fondos de capital de alto riesgo, y poder resurgir de sus cenizas, quizá tan pronto como final de año.

CIT entró en un coma inducido el domingo, cuando, con el beneplácito de los tenedores de bonos, se acogió al artículo 11 de la Ley de Bancarrota, que permite reorganizar el negocio bajo supervisión judicial (el equivalente al concurso de acreedores en España, la antigua suspensión de pagos). El plan prevé que los principales acreedores de CIT, entre ellos fondos como Baupost Group, Centerbridge Partners, Oaktree Capital Management o Silver Point Capital, cobren 85 céntimos por cada dólar invertido, haciéndose de paso propietarios de la empresa, mientras que la participación de los actuales accionistas, tanto comunes como preferentes, entre los que figura el Estado, quedará reducida a un 2,5%.

CIT podrá enjugar de esa forma su actual deuda de 10.000 millones de dólares y salir del susodicho capítulo 11 a finales de año para operar como si nada hubiera pasado.

En el camino se quedará el dinero aportado el año pasado por el Gobierno estadounidense para salvar a CIT de la bancarrota. Es decir, los 2.330 millones de dólares que los contribuyentes dieron se quedarán como en la letra del tango Mano a mano de Celedonio Flores: 'Y si alguna deuda chica sin querer se me ha olvidado, en la cuenta del notario si querés se la cargas'.

Se trata del primer dinero que los ciudadanos no verán de vuelta de los 400.000 millones de dólares que han aportado para salvar del colapso al sistema financiero estadounidense; aunque es cierto que de momento han recuperado con intereses lo que habían prestado a entidades como Goldman Sachs o Morgan Stanley.

El motivo de permitir esta bancarrota, la quinta más importante en la historia de EEUU, y sus ruinosas consecuencias para el Estado está en lo que se ve como un mal mayor: la amenaza que supone para la pequeña y mediana empresa dejar caer a CIT. Esta entidad financia a 2.000 compañías que suministran mercancía a 300.000 almacenes. Su quiebra total justo cuando necesitan liquidez para afrontar la temporada de Navidades sería un completo desastre. A la mayor parte de esas firmas les hace falta crédito para pagar tanto el coste de la mercancía como las nóminas de los empleados.

La bancarrota de CIT no ha provocado, sin embargo, la alarma que despertó la caída de Lehman Brothers; en parte, porque está controlada, y en parte, porque a los acreedores no les ha ido tan mal, dejando una puerta abierta a futuros beneficios.