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CiU y PNV salvan al Gobierno en la negociación colectiva

Los nacionalistas libran in extremis al Ejecutivo de una derrota en el Congreso a cambio de modificaciones en el texto del decreto

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El Gobierno tuvo que emplearse a fondo ayer para apuntalar apoyos y evitar una derrota en el Congreso de su decreto ley sobre negociación colectiva, una reforma considerada clave por el Ejecutivo. El ministro de Trabajo, Valeriano Gómez, derrochó recursos y sobre todo tiempo para prolongar el debate hasta saberlo ganado. El trámite que iba a durar una hora consumió tres. Tiempo necesario para conquistar in extremis la abstención de CiU y el PNV y asegurarse la viabilidad del decreto.

Mientras Gómez ganaba tiempo en la tribuna, Zapatero, Rubalcaba y Salgado, en el área reservada al Gobierno junto al hemiciclo, trataban de evitar un gol con forma de derrota. 'He preferido un debate de verdad', se justificó el titular de Trabajo poco después negando una dilación interesada.

El PNV confiesa que nunca había conseguido tanto a cambio de tan poco

En cualquier caso, los dos grupos nacionalistas mayoritarios permitieron al final con su abstención que el nuevo modelo de negociación colectiva aprobado por el Gobierno comience a tramitarse en el Congreso. CC y UPN también se abstuvieron. El resto de partidos, con el PP al frente, votaron en contra aunque con argumentos diametralmente opuestos. Los conservadores criticaron la insuficiencia de la norma, las minorías de izquierda, el 'nuevo sacrificio inútil a los mercados en detrimento de los trabajadores', en palabras de Gaspar Llamazares (IU).

Mientras se debatía, CiU y PNV sellaban con el Ejecutivo su neutralidad a cambio, fundamentalmente, de incluir en el articulado del decreto la prevalencia del ámbito autonómico sobre el estatal en la negociación colectiva, principio que no se consagraba en el texto original presentado por el Gobierno. 'En mi trayectoria nunca he visto un caso semejante', se sinceró, sonriente, el portavoz del PNV en el Congreso al concluir la negociación para subrayar que nunca ha conseguido tantas concesiones del Ejecutivo a cambio de la mera abstención. Luego matizó sus declaraciones diciendo que se le había mal-interpretado. Lo cierto es que sin los seis votos del Grupo vasco se habría abierto una vía de agua al Gobierno difícil de taponar.

El líder del PP, Mariano Rajoy, se apresuró a pedir desde Toledo que se ponga en conocimiento de todos la 'oferta irresistible' que según él los socialistas han hecho al PNV para que cambiara de opinión y no rechazara una reforma que, añadió, 'no la valoran ni en Europa, ni el FMI ni ningún partido político'. El líder del PP calificó el acuerdo de 'chapuza'.

Rajoy ve una 'chapuza' en el acuerdo y exige conocer el precio

Los nacionalistas hablaron de logro histórico fuera de la Cámara. Dentro del hemiciclo el análisis fue más contenido. Los grupos ajenos a la negociación, la izquierda minoritaria, arrancaron el debate del texto tras escuchar la defensa del titular de Trabajo. 'No responde a las necesidades, es caldo de cultivo para el conflicto y fortalece el poder empresarial', denunció Llamazares. 'Cada vez que el Gobierno legisla a espaldas de los interlocutores sociales lo estropea todo', criticó el portavoz de ERC, Joan Ridao, crítico también con el papel reservado al ámbito territorial en la negociación colectiva.

De menor a mayor, continuaron por la senda crítica el resto de partidos. 'Quieren engañarnos y engañar', reprochó Rosa Díez, de UPyD. 'Pagan siempre los platos rotos de los poderes financieros los más desfavorecidos', recriminó la representante del BNG.

Convertido en dueño del decreto, el PNV acusó al Gobierno de 'pulverizar' la negociación colectiva en el ámbito autonómico. El acuerdo no estaba hecho cuando Emilio Olabarría apuntó modos de profunda discrepancia en la tribuna sin anunciar el sentido de su voto. Crecía así la presión sobre los negociadores al tiempo que aumentaba el suspense, que CiU vino a rematar al no despejar tampoco sus intenciones: 'El Gobierno ha perdido la oportunidad de hacerlo bien y es afán nuestro corregir su planteamiento', advirtió Carles Campuzano.

El acuerdo estaba a punto cuando el PP tomó la palabra. 'Necesitamos una reforma de la negociación colectiva, sí, pero no esta', resumió, eficaz, Fátima Báñez. El ministro de Trabajo rehusó ejercer su derecho de réplica. El acuerdo estaba hecho, la negociación recién concluida y el decreto salvado. El salvavidas nacionalista devolvió el oxígeno al Gobierno, conectado toda la mañana al respirador artificial de una tensa negociación.