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La Ciudad Santa albergará por primera vez enterramientos seculares

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Jerusalén, la Ciudad Santa por antonomasia, albergará por primera vez un cementerio que incluirá enterramientos seculares, una práctica contemplada por la ley aunque poco común por el dominio de la ortodoxia judía en la sociedad.

El alcalde de la ciudad, el utra-ortodoxo judío Uri Lupolianski, anunció esta semana el plan para la construcción del nuevo camposanto, que contará con un complejo en el que se podrán llevar a cabo las denominadas sepulturas civiles.

"Jerusalén es una ciudad pluralista y comprometida con permitir que cada uno elija su forma de vida y la manera en la que le gustaría ser enterrado sin coerción", explicó el intendente al presentar el proyecto.

La necrópolis permitirá a aquellas personas que no quieran ser enterradas de acuerdo con la ley judía, o simplemente no deseen tener un sepelio religioso, puedan ser inhumadas sin necesidad de que su cuerpo sea trasladado a otras ciudades como Beersheba, en el sur del país, donde se realizan este tipo de enterramientos.

La iniciativa sale a la luz después de que la Comisión parlamentaria de Asuntos del Interior revelara que pese a que Israel aprobó en 1996 una legislación para facilitar los enterramientos laicos con financiación estatal, hoy en día sólo existe un cementerio secular en toda regla.

La presión de los grupos ortodoxos explica la escasez de fondos que se otorgan a la creación de lugares para el enterramiento civil.

El líder del partido pacifista Meretz, Yosi Beilin, presidente de la comisión parlamentaria, denunció en ese sentido lo que calificó de "oposición teológica" del Ministerio de Asuntos Religiosos, al que acusó de bloquear la financiación para los sepelios laicos.

"Los israelíes seculares no pueden desplazarse a Chipre para ser enterrados", se lamentó, al referirse a las prácticas que realizan muchas parejas para casarse por lo civil, eludiendo así hacerlo a través del Rabinato ortodoxo, que tiene un absoluto monopolio sobre la legislación marital y mortuoria.

El brazo ejecutivo de los enterramientos en Israel es la Sociedad Fúnebre Ortodoxa, que entierra cada año a unas 8.000 personas sólo en el área metropolitana de Tel Aviv.

Esta organización sin ánimo de lucro sepulta a los fallecidos como manda la tradición: amortajados, sin ataúd, directamente sobre la tierra, con la lectura del "Kadish", el rezo fúnebre judío, mientras a los familiares se les pide que se rasguen las vestiduras.

Miriam Kunda, directora de "Menujá Nejoná" (Descanso Apropiado), una ONG que defiende el entierro civil en Israel, dice que sólo Beersheba, Tivón y Haifa son las ciudades donde quien lo desee puede tener acceso a ese tipo de inhumación.

Esta organización, que cuenta con 19 sucursales en todo el país, surgió hace quince años para luchar contra la era del oscurantismo que para sus responsable suponen los enterramientos religiosos, los únicos que hasta hace doce años recibían financiación del Estado.

Otra opción con la que cuentan los israelíes que no desean un entierro religioso es la de una inhumación en un kibutz o moshav (cooperativas rurales), aunque en este caso el coste oscila alrededor de los 20.000 shekels (unos 3.700 euros).

"Hasta la fecha no hay cementerios civiles ni en Tel Aviv ni en Jerusalén, aunque la ley dice que todo ciudadano tiene derecho a ser enterrado como lo desee de forma gratuita a través de la Seguridad Social", se queja Kunda.

Y explica que la decisión adoptada por el alcalde de Jerusalén "es el fruto de diez años de negociaciones".

El nuevo cementerio de la Ciudad Santa contará con un complejo en el que se podrán llevar a cabo los enterramientos seculares y donde se combinarán varios métodos como el doble enterramiento o la sepultura en catacumbas.